Incluyendo

Esta mañana me levanté con varias sensaciones contrapuestas.

La alegría del encuentro de ayer, con las mujeres del Movimiento Barrios de Pie, en el sector deportivo de la Universidad Nacional de Cuyo, y la tristeza por lo que la pobreza nos dice de nosotros mismos. La indiferencia de que somos capaces, muchas veces.

Uno alcanza un nivel de bienestar personal y de su familia, y se olvida de donde vino. Se olvida de quien es. Yo hice mi carrera profesional en universidades públicas y con becas del gobierno. Y hay gente, mucha gente, que no tiene qué comer.

No tienen cómo cuidar de su salud. Pero tienen la solidaridad. Tienen esperanza y amistad. Y trabajan construyendo un presente mejor, una vida mejor. Esto me estimula. Yo sé que cada uno, cada una, puede hacer para que esta situación cambie.

Para que seamos más humanos, los humanos. Para que dejemos de vivir una vida por la mitad, una vida de vitrinas, hecha de no mirar hacia las mayorías que padecen la exclusión y la explotación.

Podemos abrir una puerta dentro de nosotros mismos, un lugar dentro de nosotros mismos, para ver el mundo más grande.

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