Hay un espacio en mí para mí mismo

Escribo para estar en mi lugar y para ser quien soy. Aquí me voy viendo y me voy descubriendo. Voy rehaciendo el camino de mi vida.

Voy reencontrando el hilo de mis pasos, que me trajo hasta aquí. Aquí reencuentro a las personas queridas que encontré en mi trayecto.

Se juntan mis tiempos. Se unen todos los momentos. Es un solo tiempo. Ahora es el tiempo unificado. Aquí está todo lo que amo, lo que aprendí a hacer para ser feliz.

Los juegos interiores en que recorro mis distintas dimensiones y personajes. Aprendo que la seguridad es una construcción cotidiana.

Me veo en el habla comunitaria. Hay un espacio en mí para mí mismo. No necesito doblegarme a exigencias externas.

No necesito ser perfecto para ser aceptado. Puedo descansar. Puedo confiar en mi propia capacidad para enfrentar victoriosamente cualquier situación.

No estoy solo. Esperanza es mi otro nombre. Es la certeza del triunfo final del bien, del amor y la justicia. Esto no es una creencia sino experiencia.

Pasan las situaciones en que parece no haber salida. Siempre hay una persona a nuestro lado para apoyar, sostener, orientar.

Nunca estamos solos, solas. Esta es mi experiencia. Por eso confío. Esta es una experiencia común a personas que se han abierto camino en la vida a fuerza de lucha y trabajo.

Me apoyo en mis descubrimientos interiores. Un color. Un sentimiento. Una palabra. Son bastantes. Escribo aunque no tenga algo en particular para decir.

La palabra va abriéndose paso. La paz se construye desde adentro, siendo enteros, enteras. No hay poder externo que pueda prevalecer sobre la persona auténtica. La propia mentira y la falsedad se deshacen.

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