A veces una disminución de tu capacidad física, derivada de una indisposición o de una molestia leve, o la dificultad para aceptar tus propias limitaciones para atender necesidades de personas queridas muy próximas o distantes, te traen para estados de tristeza o de mal humor. Tienes que aprender a vivir dentro de los límites. A todos nos pasa lo mismo. Uno no puede resolverle la vida a los demás. A veces ni la propia conseguimos poner en orden. Hoy andabas sin muchas ganas de nada. Viste un pedazo de una película sobre una pareja que se iba a casar en Navidad y venía un tufón y alteraba todos los planes, impidiendo a la novia de llegar a tiempo.
Aprecias más las cosas pequeñas de cada día, el contacto con las personas de casa, que a veces por la rutina puede llegar a perder importancia. Agarrabas una bolsita de maíz molido para hacer cuzcuz, y una emoción te vino. Tu amada te recordó un florerito de tu abuela que está en la cocina, donde ella guarda monedas, y una emoción te embargó. Leías, días pasados, un libro de Saramago, As pequenas memórias, y otro de Marcel Proust, No camino de Swann. La infancia. ¿Dónde está el niño que fui? Tratando de acordarse de sí mismo, sabiendo que un día volverá, a tiempo de poder vivir la vida una otra vez, con toda su magia y encanto. La fragilidad de la vida es verdaderamente asombrosa. A veces la sientes con toda intensidad. Todo es tan frágil. Y recuerdas una frase que dice que mi flaqueza hace manifiesto el poder de Dios. Dios, Dios, ¿dónde está Dios?

Sociólogo, Terapeuta Comunitário, escritor. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/
