Fakemind y la Teoría Psicopolítica: sobre la superación de las fakenews. 2ª parte, Entrevista de Evandro Vieira Ouriques a Caras y Caretas, Uruguay

¿Qué rol le asigna a la concentración de medios de comunicación en su país y Latinoamérica a la hora de una disputa electoral?

La concentración de la propiedad en Brasil y Latinoamérica determinó el suceso de las operaciones psicopolíticas realizadas a través de los medios, parlamentos y poderes judiciales para producir golpes y resultados de elecciones. En Brasil esa concentración ha sido una tragedia. Permaneció intocada por los gobiernos del PT y por ellos alimentadas, como jamás, con presupuestos millonarios de propaganda oficial, en una actitud suicida, a pesar de todos los avisos de tantos. En la investigación, por ejemplo, que hicimos entre 2008 y 2016 con Unesco, Intervozes, LapCom/UnB y Rede Nacional de Observatorios de Imprensa-Renoi , están detalladas las características de este sistema de medios en Brasil y cómo impide, a través de regulaciones y políticas públicas insuficientes, el derecho a la información y la comunicación, sin los cuales no hay gobiernos sanos.

¿Y a las redes sociales y la cultura digital? ¿Cuánto interfieren en los procesos democráticos?

La potencia democrática de las redes sociales y de la cultura digital ha sido destrozada por el rechazo de los que las defendían, antes de comprender que los medios y redes sólo son libres cuando la mente que los opera es libre . Cuando realizamos el 1er. Foro de Medios Libres de Brasil, en 2008, yo representaba, casi en soledad, la fuerza política que avisaba que la emancipación potencial digital y de las redes dependía de la edición que el sujeto hace (sincrónicamente a la intervención que él hace en los territorios) de su territorio mental , concepto que acuñé en 2009 frente a lo que identifiqué a lo largo de mi vida como tendencia histórica: los sujetos e instituciones capturadas por los mismos valores que dicen querer superar en el plan “social”.

Los sujetos imaginan las redes y la cultura digital, como imaginan sus luchas respecto a sus identidades, como entidades metafísicas que serían por sí mismas garantes de la democracia. Muy triste eso, muy difícil para quien, como yo, tiene la especialidad de leer las señales de alerta antes que lleguen las situaciones correspondientes. Desde los años 80, cuando emergió con fuerza la realidad virtual, yo advertía sobre el peligro de que el sueño terminara en una pesadilla. El resultado de este hondo metafísico sumado a la concentración de los medios, en el escenario dualista en el cual sólo es posible producir identidades para el exterminio e identidades para la salvación, hizo que se consolidara la fakemind, este refugio acrítico en que sujetos se animan en la lucha contra todo lo que supuestamente se opone al destino que eligen como fieles en colapso psicótico.

¿Hay posibilidad de emancipación en América Latina? ¿Por qué?

Claro que sí. La vida es mucho más inteligente que el ser humano. La locura bajo la forma de la totalización por el capital no absorbe todo. Jean-Luc Nancy subraya que el poder del control es impotente para controlar el propio poder. En nuestra conversación anterior demostré que la estrategia central de emancipación es restaurar la capacidad de juzgar como terapia filosófica de la barbarie económico-política de las democracias neoliberales, y de los regímenes de servidumbre a la derecha y a la izquierda, basados en la neutralización del juicio y, así, en el ataque frontal a la condición comunicacional del ser humano.

El ser humano, en su fragilidad fetal biológica, sólo puede instituirse como humano en la escucha de la voz de la madre, de la función-madre, de la función-padre, de la función-fraterna, o sea, en el ejercicio de construcción de la capacidad de juzgar en la cual “él mismo” y “el otro” no existen como realidades absolutamente apartadas, pero existen en red, en interdependencia. Ser-con-el-otro en el proceso continuo de cómo resuena uno en el otro.

El fenómeno humano tiene una biogénesis, una psicogénesis y una sociogénesis. Eso es un cambio profundo, pues este fenómeno humano no es sólo “cultural” en el sentido de que la biología estaría muerta. La inclusión del feto en el útero materno y en el abrazo no está desprovisto de sentido, como vemos cuando se busca la “inclusión” de los “otros”.

Foucault mostró que la genealogía del sujeto en la civilización occidental debe tener en cuenta las técnicas de dominación individual y las técnicas del yo, en particular cómo el yo genera dominación en sí mismo. Él estaba interesado en el punto de contacto entre los dos conjuntos, en el cual los individuos controlados por otros se articulan con los individuos que se controlan a sí mismos. Para Foucault, este punto es lo que podríamos llamar gobierno.

Para la comprensión de este gobierno es que la Teoría Psicopolítica, una clínica del psiquismo y de las instituciones, expone la mente completamente marcada por la historia, así como expone la historia ontológica y epistemológica que arruina la mente; la va transformando en una fakemind.

¿Cómo la Teoría Psicopolítica que creó reflexiona desde lo emancipatorio en la región y por qué argumenta que la reflexión psicopolítica es la propia acción que buscamos?

El ser humano es siempre un filósofo. Por eso el fascismo ataca en primer lugar la academia, en especial las humanidades, pero sobre todo la filosofía y el arte. Estas son descalificadas, también, por sujetos comprometidos con la “emancipación”, que buscan estrategias “prácticas”. El dualismo hace que las personas imaginen que existiría una “teoría” y una “práctica”, cuando lo que se experimenta como “concreto” en verdad es la densificación de lo que se piensa y se siente. Eso es lo que está en la base de la guerra psicológica.

Mismo frente al suceso extraordinario de las operaciones psicopolíticas que han derrumbado con facilidad extrema los gobiernos de izquierda en América Latina, y destrozado, como siguen haciendo, las conquistas del trabajo y de los derechos humanos construidas con sacrificio a lo largo del siglo XX, intelectuales, movimientos sociales y partidos de izquierda resisten, es comprensible, en constatar la sobredeterminación que la mente, en el sentido no-platónico, o sea, la cultura, en cuanto la historia de las mentalidades, tiene sobre la realidad.

Frente al hecho de que el proceso de laceración es incrementado por esta resistencia, el desafío inmediato y continuo es evitar la gran movilidad de emociones que la dinámica del horror dispara -y dispara esta movilidad, pues ella es su alimento-, este perpetuo vaivén mental que excita y desgasta, vaivén de estados mentales de choque, decepción, desorientación, desánimo, angustia, rabia. Ha de cuidarse entonces, sobre todo, por lo tanto, que el influjo de la reflexión sobre este fenómeno sea permanente y buena. Permanente y buena como permanentes y buenos son los valores que hay que defender de los ataques de la irracionalidad que se manifiesta en un tsunami de banalidades del mal, siempre cruel, terrible, grotesco.

Este cuidado permite que el ser humano, así “centrado”, no como un centro metafísico en una supuesta esencia que sería “él mismo”, porque depende de su “excentricidad”, de la semejanza con el “otro” -que jamás es una realidad externa en términos absolutos, una identidad para el exterminio- tenga la capacidad de reflexionar sobre el sistema vital, por lo tanto sobre el sistema biopolítico o, mejor, psicobiopolítico. El sujeto que se mantiene en este cuidado habla entonces desde este lugar que emancipa que, como demostró Stuart Hall, es “el punto de encuentro, el punto de ‘sutura’ entre, por un lado, los discursos y prácticas que intentan ‘interpelarnos’ […] (como los fenómenos Bolsonaro y Macri) y, por otro lado, los procesos […] que nos construyen como sujetos a los cuales se ‘puede hablar’”.

El cuidado psicopolítico con lo que se piensa y con lo que se siente necesita ser la forma de vida -como Foucault se dio cuenta con los estoicos, epicuristas y cínicos, así como la episteme hindú sistematizó- de cuidarse en red, es dar cuenta de su propia conducta hacia sí mismo, y así hacia los demás. Eso es, lo que trato en la gestión psicopolítica en red del territorio mental, la metodología de la Teoría Psicopolítica. Solo hay una cosa más difícil que esto: soportar la desesperación causada por la ausencia de este cuidado, una vez que hoy está cristalizado el sujeto que piensa y piensa que siente cuando él es pensado y sentido por una mentalidad que lo cruza, en un extraño retorno a lo que era la situación precartesiana, antes de la aparición del propio cógito.

El fenómeno Bolsonaro-Trump-Orban-etc. hace parte de las voces que hablan desde las profundidades, que Charles Melman llamaría de “voces diabólicas” del “hombre sin cualidades”, así como ha demostrado Marcio Tavares d’Amaral, “sin fundamentos”. Este fenómeno es la presencia del sujeto del inconsciente, del inconsciente que emerge en estado crudo, a-crítico, y que emerge en ambos lados de la polarización psíquica y política de estos días al borde del colapso psicótico.

Este fenómeno exige así la capacidad de examinarlo desde una mirada histórica mucho más amplia que verlo sólo de manera automatizada como “parte del movimiento global de fortalecimiento de la extrema derecha”. Cuando se piensa en eso en 2019, es necesario incluir de inmediato más de 368 años de historia, pues de hecho lo que se está experimentando es la insolvencia del contrato social hobbesiano hecho en 1651, y su fundamento, bellum omnium contra omnes (“la guerra de todos contra todos”), asumido como verdad absoluta y última por las teorías sociales y filosofías hegemónicas en el Occidente, así como en las formas imperiales de manera general: el ser humano sería incapaz de controlar su agresividad y, así, el conflicto sería el propio “estado natural” del ser humano, que sólo sería evitado o mitigado por un “otro”, por el Estado, por un gobierno central fuerte.

Esta ha sido una apuesta equivocada. Una tragedia que engendró el fenómeno que se quiere superar. El conflicto no es una condición humana, sino la dificultad ontológica, epistemológica, teórica, metodológica y vivencial de hacer vigorizar la complementariedad de los opuestos, esta que es la dinámica de la referida condición comunicacional del ser humano, su constitución antropo-biológica-filosófica, por lo tanto no-metafísica.

Usted trabajó sobre el “lenguaje del odio” como forma de dominación. ¿Por qué el odio penetra tanto en nuestras sociedades?

El odio es del orden del habla de esta in-cultura psicótica. Por medio del odio el ser humano dice que está ofendido, traumatizado, que fue violado ontológicamente y epistemológicamente en su condición comunicacional. El “odio circulante” es el “equivalente general” de esta fase descivilizatoria, como Norbert Elias la define, cuando las élites del Estado legitiman la generalización de la corrupción por todo el tejido psicopolítico (resultante de la apuesta en el axioma hobbesiano a la cual me referí), lo que horroriza a los seres humanos, pues la corrupción es exactamente lo contrario de la seguridad y protección que producen la confianza en la cual el ser humano se instituye como ser del lenguaje.

Para comprender el odio y superarlo es decisivo comprender el esquema cuaternario de estados mentales en el cual se inserta y produce la fakemind: la ignorancia, el miedo, el odio y la codicia. Veamos: el origen del problema es la ignorancia ontológica y epistemológica de la condición comunicacional del ser humano, que genera el trauma que quiebra la relación de confianza (una vez que él-se-instituye-con-el-otro); frente a esta quiebra al sujeto sólo le resta el miedo, el desierto de la ausencia de la confianza; el sujeto pasa a vivir en un útero perverso, cueva de horrores; preso en este horror sólo le resta el odio, el contrario de la experiencia de comunicación, odio que el sujeto, traumatizado por el dualismo, manifiesta como odio de “sí mismo”, a través por ejemplo de la depresión, etc., o como odio por “el otro”, a través de ataques de todo tipo; el odio expone entonces la amplitud del vacío de este útero perverso, que se torna una brecha siniestra abierta de manera multidimensional al sujeto, lo que es desesperante; capturado por el odio, el sujeto se sujeta a la codicia, en la cual el sujeto interpone objetos y situaciones entre él y la brecha siniestra en la tentativa inútil de no precipitarse en ella. Es un proceso muy triste, se lo ve en todas partes.

Por eso el odio no “penetra” en “nuestras sociedades”. Está en ellas, pues es el contrario de la condición comunicacional. La fakemind hoy producida por la globalización económica neoliberal, y por todos los regímenes de servidumbre, niega el derecho al ejercicio del juicio de verdad. La maximización insostenible de los deseos -que justifica el exterminio del “otro” haciendo abstracción de sus derechos más elementales a la vida- es producida por el error antropológico propio del concepto político de Estado, una vez que este concepto ha legitimado hobbesianamente el abandono del ejercicio del juicio de verdad por parte de los Estados y sujetos. Es así que han sido construidos los golpes mediáticos-parlamentarios-judiciales: a través de la efectividad monstruosa de las fakenews, asumidas como verdad por una fakemind, cuya identificación y comprensión de cómo ella se ha construido es el esfuerzo estratégico decisivo para su superación. Eso requiere, como subraya Jacques Poulain, recurrir al diálogo universitario entre culturas como uno de los componentes esenciales de este esfuerzo, pues el discurso universitario es la instancia en que se legitiman los presupuestos que emergen en el habla en general, y por lo tanto en la acción de los sujetos.

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