Esta mañana, estuve leyendo algunas cosas sobre la unidad, un concepto común al hinduísmo y al cristianismo. Siempre me fascinó la noción, presente en la escritura y en la práctica espiritual hindú, de que en el fondo del alma, reside Dios. Que somos Dios. Esta es la misma noción que Jesus Cristo explicita en su mensaje evangélico. Mi madre, Gita Lazarte, ha tenido esta experiencia de la unidad con Dios.
José Comblin, el teólogo de la liberación cuyas obras vengo estudiando desde hace algunos años, también coincide en lo que aqui se está afirmando: que Dios reside en lo más íntimo de nuestra alma, en lo más intimo de nuestro ser. Esta sensación de unidad con Dios es muy reconfortante. La vengo trabajando desde hace años, y ultimamente, vengo teniendo visiones interiores de imágenes que son esa unidad.
Esto lo comento con toda naturalidad, pues creo que el conocimiento interno no tiene nada de propiedad privada o exclusiva, ni hace de ninguno de nosotros alguien especial o mejor que los demás. Justamente creo que es más bien lo contrario. Creo que en la medida en que vamos dejando de disociarnos entre una vida espiritual y una vida cotidiana, la vida en sí misma se reintegra a su unidad, vuelve a ser lo que es.
Ya no hay dos vidas, sino una sola. Toda esta introducción es para decir que hoy, no sé bien como, si como resultado de una decisión interior o de un estado de espíritu oriundo de esta mayor integración que siento que se viene procesando en mi vida, en varios momentos, me encontré refluyendo a esa imagen interna que he visto ya varias veces, y que siento que está también fuera de mí, en el mundo externo.
Esto me daba una sensación de paz, de aquietamiento, de descanso. Lo hice varias veces de manera deliberada, mientras almorzaba con algunos familiares, del siguiente modo: me iba a la unidad, a esa imagen interna, cuando venía algún pensamento o sentimento desagradable o inconveniente. Esto me fue dejando más a gusto. Me di cuenta de que podía sentirme bien, jugando esta especie de juego de cartas interior.
La imagen y el sentimiento de unidad eran como una especie de comodín interior, que me dejaba más a gusto. Pensé si este juego no podría llegar a falsear el flujo de las interacciones con mi família, pero más bien fue al contrario. No me molesté con cosas que talvez me hubieran incomodado en otro momento. Pude disfrutar del encuentro sin casi tener nocion del paso del tiempo.

Sociólogo, Terapeuta Comunitário, escritor. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/
