Escribo para parar el tiempo

relojA veces escribo para que el tiempo no se vaya. Escribo simplemente para agarrar algo, algún recuerdo, un sentimiento, algo muy precioso que pueda querer guardar para siempre conmigo. Me doy cuenta de que, a lo largo de mi vida, debo haber ido guardando todos estos recuerdos muy preciosos, aunque no los haya puesto en el papel. Pero están guardados. Se quedaron conmigo, están aquí.
Cuando en una mañana de abril, o en otro día cualquiera, pongo algo sobre guardar recuerdos preciosos al escribir, sé que esto debe tocar a muchas personas. Pues para todos nosotros, humanos, la vida corre de tal modo que de alguna manera tenemos que tratar de detenerla. Ella se va, va pasando, y no podemos dejar que se vaya, ya que nos iríamos también.
En este momento veo como esta fugacidad no borró los bellos recuerdos, desde mis tiempos de niño hasta ayer, anteayer, esa escalerita de tiempo en cuya culminación estoy parado ahora, mientras escribo estas cosas que lees. Escribo para tener la vida de vuelta, para tener un lugar para habitar, decía Anaïs Nin, la gran escritora, en su libro En busca de un hombre sensible.
Debo haber pasado mi vida escribiendo de varias maneras, pues parece que todo lo que yo viví está aquí, ahora, en mí, no se bien de que modo, o como podría decir esto, pero cada instante que me fue dado vivir, está aquí conmigo, yo soy todo esto, toda esa suma de días y de noches, de lugares y personas, de sentimientos y de afectos.

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