Escribir y publicar

Construír un libro es como suspender el tiempo por un momento que se puede estirar por muchos días. No importa la cantidad de horas que dure este intervalo. Es como si se abriera una ventana.

Un paréntesis. Un espacio de contemplación. Una rendija. Una grieta. Una posibilidad para ver la vida y lo que existe, de otras maneras. Sin ningún apuro. Despacito.

Siempre que escribo y me pongo en esta tarea de compaginar lo que será el nuevo libro, me sumerjo en el caudal de experiencias que van componiendo la edición de cada día.

Se renueva de tal modo mi estar aquí, que todo lo vivido se presenta con todo detalle, desde el comienzo hasta los días actuales. Viene una sensación de plenitud y completamiento.

Es un espacio de acogimiento. Todos mis escritos tienen esa misma cualidad. Son lugares donde las personas pueden verse.

En medio de la fugacidad, de las incertezas y de las inevitables sensaciones de finitud, lo eterno se pone al día, como al comienzo. Todo adquiere un tono de “primera vez.”

Este proceso mío de venir a flote en letras, palabras y colores, se viene realizando en buena medida en las páginas de Consciência.

Así que les pido paciencia si es que por algunos días o por un tiempo mayor, mi presencia se hace un poco más espaciada. Seguiremos juntos y juntas de todas formas.

Algo que he ido aprendiendo es que la vida no para. Hay intervalos. Pero la vida sigue siempre, como un río de montaña. Juntar los tiempos es preciso. Para que la vida no pase, se quede.

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