El mensaje de Jesús nos llama a cuidar de la vida como algo sagrado.
En estos días, me he estado acordando mucho de unas palabras del Padre José Comblin, acerca del mensaje de Jesus. Dce que el mensaje de Jesús es simple, pero que esta simplicidad es para nosotros como la ciudad en la cumbre de la montaña: sabemos que no la vamos a alcanzar, pero nos movemos con la esperanza de llegar allá algún día. En cierta oportunidad, asistí a la apertura de la III Semana Teológica Pe. José Comblin, en la Universidade Federal da Paraíba.
En la primera noche, Eduardo Hoornaert pronunció unas palabras que me trajeron luz. ¿En qué sentido? En el sentido de que el seguimiento de Jesús, aunque sea simple, no es fácil. Exige esfuerzo. Es necesario despojarse de las interpretaciones sobre el Evangelio que nos fueron inculcadas, y que poco o nada tienen que ver con el mensaje de Jesús. El mensaje de Jesús es simple: vos podés, vos sos capaz, este mundo, esta vida, son el Reino de Dios.
Jesús no vino a anunciar una vida después de la muerte, como equivocadamente se acostumbra interpretar. Jesús vino a evidenciar con su vida, con sus palabras y con su práctica, la sacralidad de esta vida, de este estar aquí, en este mundo, viviendo la vida que nos toca vivir, de la cual y en la cual somos responsables.
No es un mensaje complicado, como se puede notar con facilidad, aunque sea difícil muchas veces ponerlo en práctica, ya que hay toda una estructura de obscurecimiento de la verdad y de la justicia, sobre la cual está edificado el sistema de explotación en el que vivimos, el capitalismo.
Algo que me queda cada vez más claro, es que el seguimiento del mensaje de Jesús es incompatible con la explotación de la vida humana, con la indiferencia, el prejuicio, la desconsideración del prójimo, la agresión a la naturaleza o a las personas. El mensaje de Jesús nos llama a un compromiso con la vida como algo sagrado.
Yo tuve la gracia de haber nacido en una familia en la cual estas virtudes eran y son practicadas. Mis padres vivían y nos enseñaron a vivir, a mí y a mis hermanos, en simplicidad, con respeto a las personas independientemente de clase social o nivel intelectual.
Desde muy niño, me habitué a ver como esta forma de tratar a las personas y a las cosas –mi madre nos enseñaba a cuidar que nunca se desperdiciara nada, ni agua, luz, comida, ropa, lo que fuera— tenía un fuerte impacto en la forma de vivir en la que estábamos siendo criados.
Pasaron muchos años, y hoy reencuentro estos valores iniciales con fuerza total. Me he integrado a la Terapia Comunitaria Integrativa, una red de cuidado de la vida humana creada por Adalberto Barreto, basada en la confluencia de conocimientos científicos y sabiduría popular. Esta acción, basada e inspirada en la pedagogía de Paulo Freire, es un desafío constante para un retorno a lo simple, que se encuentra en el Evangelio.
Hoy siento la necesidad de agradecer a mis padres y a Adalberto Barreto, que me pusieron en contacto con una forma de vivir que juzgo querida por Dios. No dejo de sentir un dolor profundo cuando veo la violencia y la indiferencia con relación a la vida humana, manifestadas en la injusticia social, en el hambre. Y trato cada día ir aproximándome más de una forma de vivir que mantenga viva la pureza y la simplicidad del mensaje de Jesús.

Sociólogo, Terapeuta Comunitário, escritor. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/
