¿Dónde está Dios?

Todo este rebullicio alrededor de la renuncia del Papa, pone otra vez a la orden del día, una cuestión siempre actual. ¿Hasta qué punto es necesaria, si es que es verdaderamente necesaria en algún sentido, alguna institución religiosa? Y ¿necesaria para qué?

En lo que toca a la búsqueda de Dios, no me cabe duda de que todos necesitamos, como seres humanos, referenciarnos unos a los otros, para ir encontrando en común, conocimiento y prácticas que nos acerquen a este objetivo.

Pero esto no implica pensar que debamos someternos a alguna autoridad, a alguna doctrina que se nos quiera imponer, bajo pretexto de que es inspirada por Dios.

En la vida práctica, lo que se ve es que, por un lado, las personas necesitamos de una referencia a un orden sobrenatural, superior, divino, como se le quiera llamar, para enfrentar las dificultades de toda índole que se nos presentan.

Pero, por otro lado, también se ve que esta necesidad (podríamos decir innata), del ser humano, de referirse a Dios o de buscar en Dios fuerzas para proseguir, ha dado y sigue dando lugar a formas muy perversas de dominación y de alienación.

Tantas y tan antiguas, como la propia historia de la humanidad. La explotación de la fe es uno de los negocios más rentables.

Y una de las maneras de que se valen las clases dominantes para mantener sometida a la población. ¿Por qué no aprovechar esta y otras crisis, todas las crisis de las instituciones dominantes, para volver la mirada hacia nosotros mismos y a nuestro alrededor?

Mirar hacia el interior de nuestro propio corazón, donde vive Dios, y hacia nuestros semejantes, en quienes Dios se espeja y a través de los cuales Dios actúa.

Deixe uma resposta