Dirección y sentido

Entiendo que el mundo capitalista viva de la guerra y para la guerra. Que su foco sea la explotación, la exclusión. Que su dios sea el dinero. Que la vida le sirva solamente como objeto, cosa que se usa y se descata. Entiendo todo esto.

Entiendo también que mis valores, mis decisiones, mis principios, son diamentralmente opuestos a estos. No basta nacer para ser humanos, humanas. Hay que hacerse. El sistema capitalista destruye o intenta destruir la vida desde el vamos. Sin embargo hay un instinto de supervivencia que nos lleva a querer lo que es más valioso.

El amor, la familia, todo lo que el sistema amenaza. La lucha por la vida nos lleva a crear espacios a salvo de la barbarie. La solidaridad, la ayuda mutua, el reconocimiento de que nos necesitamos recíprocamente. Deshacer la alienación y el sinsentido de los cuales vive el sistema.

Creando espacios de cultivo de vínculos positivos: enraizamento, pertenecimiento. Desarrollando las artes como alternativas de rescate y refuerzo de la necesidad de significar la vida. La educación como lugar privilegiado para construcción de la persona.

He vivido desde el comienzo de mi vida en una lucha contínua contra todo lo que trató de desfigurarla. Practiqué y sigo practicando una sociología liberadora, que se entreteje con otros saberes científicos y populares. La vida es muy corta. En un instante se va. No la podemos perder andando a tontas y a locas.

Somos seres de proyecto, intencionales, constructivos. Si no seguimos esta dirección, la otra, la contraria, puede llegar a imponerse. La actual circunstancia, de confinamento, nos hace volvernos más profundamente hacia nuestro interior y a nuestro alrededor imediato. El mundo cotidiano es el terreno propicio para salvaguardar lo más precioso.

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