¿Cuántas conciencias?

fotoUn tema que me apasiona, es el de la multiplicidad de las conciencias. No sé si todas las personas tienen conocimiento de esto. Tal vez sí, tal vez no.

Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que podemos darnos cuenta de que tenemos más de una conciencia. Es necesario estar atentos, para darnos cuenta de esto. No es algo que se muestre a simple vista, sino que aparece cuando tenemos suficiente acuidad de atención para poder entender que somos una multiplicidad de seres, una multiplicidad de percepciones, de formas de atención, de formas de apropiarnos del mundo, y de ser muchas cosas al mismo tiempo.

Somos cristales con muchas facetas. Mapear estos diversos mundos que coexisten en nosotros mismos, en cada uno de nosotros, nos devuelve una noción total del ser que somos, que está siempre por ser alcanzada. A veces tenemos noción de que somos todo esto, o sea, el infinito, todo lo que es y existe. Otras veces, el oscurecimiento de la conciencia provocado por la objetividad creada por el intelectualismo, el materialismo y la costumbre, pueden hacernos creer que no somos nada, que no somos nada más que polvo, cosa pasajera, perecederos, cuando en verdad, somos eternidad.

Por eso el autoconocimiento y la recuperación del propio sentido del ser, son la tarea de la vida. No puede ser delegada a nadie. Solamente a cada uno de nosotros, cabe el intento, siempre en marcha, para alcanzar la totalidad de lo que somos. Hay una conciencia infantil en cada uno de nosotros, una conciencia de la inmortalidad, la conciencia de que somos un ser sin comienzo ni fin, infinito. Esta conciencia puede aflorar, y es bueno que esto suceda, pues en ella reside la posibilidad de que seamos felices, plenamente.

Sólo en esa conciencia infantil es que somos plenamente felices. ¿Cómo acceder a esta conciencia infantil, a este niño interior? No hay recetas, pero es como si fuéramos una cebolla, y después de muchos intentos, camada tras camada, podemos ir dejando que llegue a la superficie, una parte nuestra que juega, que no tiene miedo de nada, ni de morir ni de ser castigada, ni de ser abandonada o fracasar.

Basta dejar atrás la falsa conciencia creada por la sociedad capitalista. Basta que uno se deje fluir, se deje ser. Entonces puede venir, y viene, un nuevo amanecer. Vos podés, yo puedo, todos podemos. Vale la pena. En realidad, es lo único que vale la pena. Ser lo que se es, lo que cada uno de nosotros es.

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