Comblin

En estos días que han pasado desde la partida de nuestro querido amigo y maestro José Comblin, muchas veces he pensado en qué es lo que ha hecho de él alguien tan singular. Y la respuesta es siempre la misma: él no buscó ser seguido, no trató de crear adeptos, no quiso que se lo tomara como ejemplo. En todo lo que recuerdo de él, especialmente en una frase que fue el tema en un retiro (Beber del propio pozo), se resume lo que para mí hace de Comblin un verdadero guía: él llama al ser humano de vuelta a sí mismo. No hay en sus libros afán doctrinario o proselitista, no trata de convencer al lector de la veracidad de sus opiniones o argumentos. Por eso muy adecuadamente se lo llama a Comblin de una persona libertaria.

Conocí Comblin a fines de 2008, es decir, a partir de esa fecha empecé a verlo con cierta frecuencia en las reuniones que se organizaban alrededor de su persona, en el Sitio São José, en Bayeux, un barrio pobre de João Pessoa. Ya lo había visto una vez en la casa de Dom Fragoso, en el barrio José Américo, otra área pobre de la capital paraibana. Supe que era especialista en el Espíritu Santo. Después empecé a leer sus obras, y fui encontrando en este sociólogo lúcido y claro, a veces cortante en sus expresiones, un amparo para mi propia caminata como sociólogo en acción en la Terapia Comunitaria, obra del antropólogo y teólogo Adalberto Barreto.

El mosaico continuaba formándose, más claramente. Ahora que ya han pasado casi dos semanas desde tu partida, tengo certeza de que hay personas que dejan un trazo luminoso en nuestras vidas, y no es porque hayan querido ser imitadas o copiadas ni seguidas, sino porque al ser ellas mismas como vos fuiste, nos enseñan a ser nosotros mismos a cada instante, como respuesta radical a un sistema alienante y despersonalizante.

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