Caminando

fotoEsta mañana, fui a la playa. El veredón de la beira-mar en reparación. Los trabajadores en actividad, reponiendo el piso que ahora es de un tipo de ladrillo más resistente. La vista del mar brillando bajo el sol.

La casita antigua en la esquina. La barraca del lado izquierdo. Y el caminito de arena que pasa por entre la vegetación que cubre las dunas bajas. Flores de un azul oscuro, como campanillas.

La arena con huellas de pisadas que se dirigen hacia la playa. Las sombrillas a un lado y otro. Los barcos con turistas pasando al frente. Otros barquitos, casi inmóviles, a lo lejos. Entonces a caminar.

Hacia el lado del barranco de la punta de Seixas. La espuma de las olas llegando rítmicamente, como en capas superpuestas de agua que viene deslizando por delante de quien pasea. Gente pasando en una y otra dirección.

La magnificencia del paisaje a uno lo calla. Uno se queda en silencio, solamente escuchando el mar, las olas a lo lejos. Sintiendo el viento, el sol. Alguna bañista me llama la atención.

Del lado derecho, la vegetación por detrás de las casas y edificios bajos que contornan la beira-mar. Palmeras, gameleiras. Los recuerdos llegan, desde distintos rincones de la memoria.

Y mientras camino, el tiempo se congrega en este instante presente. Pasan vendedores de bronceadores ofreciendo sus productos. Niñitos jugando en la arena. Caracoles enterrados que voy viendo a mi paso.

Reflexiono sobre las secuelas que hechos violentos vividos en la infancia me dejaron. Yo no tengo la obligación de aceptar las rotulaciones de quien mira desde afuera y condena.

No necesito transformarme en enemigo de mí mismo. Puedo tratar de comprender lo que pasó y lo que me pasa. Sentimientos y comportamientos determinados por los hechos del pasado están siempre exigiendo ser resignificados.

Vuelvo a casa por la calle que ahora exhibe un hotel nuevo en la esquina con la beira-mar. Veredas casi intransitables en algunos trechos, o inexistentes.

La indiferencia de propietarios y propietarias de inmuebles hace que sea una tarea dificultosa, tratar de caminar por las veredas de João Pessoa. Y a las autoridades municipales no les importa.

Tampoco les importa a los peatones, que se ven obligados a transitar en medio de autos estacionados que cierran el paso, o a caminar por la calle. Cada uno que se las arregle como pueda, si es que puede. Señal de los tiempos.

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