—Calafell, Abril 1950— En el aire de abril, aún sin rosas, danza un sol de verano. El cielo hincha las velas de su barco azul. Es mediodía. Voy hacia el mar, sonámbulo… Y el mar…
Dom Pedro Casaldáliga
Calla, Isaías… que ya ha florecido el tronco viejo de tu voz: Una aureola virgen vela el parto, y el heno estremecido ciñe el cuerpo de Dios. Callad, sombras, callad… que se ha abierto el…
Río abajo se va al mar. Y a la fuente río arriba. Tú, bajando hacia tu mar, subes a tu fuente, Vida. Tu vestido de alegría me engaña a veces, Señor. No me ha engañado…
Abriré el corazón rotundamente, igual que una granada. Para que se lo lleven, grano a grano, los pájaros del cielo, las almas de los hombres… Tú cuídame, Señor, que esté maduro: que no me caiga…
A mí lávame el alma. Toda el alma, desnuda y polvorienta… —¡Este lobo de mar que te ha seguido!— Sosténmela, Señor, entre tus manos como para adentrarla en el Camino definitivamente.
Como se espera una cita que nunca ha faltado, te esperaré. De rodillas sentado, paseándome a lo largo de la impaciencia del río… Por todo el tiempo que Tu amor lo quiera. Te esperaré, Dios…
A Lorenzo Gomis Por debajo del alma me pasa el agua. Por encima del alma las nubes altas. Por en medio del alma la gran nostalgia. Corazón, échate al mar como una barca sin velas;…
¡Qué unción de plenitud la tuya, hermano, al coronar —ya Cristo— la senda dolorida, hoy que gime en tus velas la voz del mar lejano y abres al holocausto la rosa de la vida! Yo…
Por fin echaré a andar… Sólo, por donde sea, por donde quiera Dios y su momento y mi sinceridad. Ya me estaba cansando de pisarme la vida tristemente. ¡Aire, cielo, aire, mar, cielo, mar, aire!…
