Aquí

Se crea una especie de tropisimo. Una necesidad de ir allí donde uno está bien. Un lugar donde uno se siente bien. Un lugar donde podés ser vos mismo, vos misma. Por eso vengo a la hoja, del mismo modo que una juanita (joaninha) viene a la planta. Hay que estar donde uno se siente bien. Pues bien, aquí estoy. Heme aqui. Y en este lugar, en el lugar por excelencia donde yo soy y yo estoy, desde este preciso lugar, muchas veces me pregunto a qué vine. Pues vine a escribir, ni más ni menos. Leer y escribir. Pues al escribir me leo y leo el mundo y mi mundo se hace más mundo y más mío.

Aquí respiro mejor, aquí me junto y me rehago, como decía Anais Nin, cada vez que el mundo me diga que no. Aquí, esos “no,” como en las ruedas de la Terapia Comunitaria Integrativa y en las reuniones en familia y con amigos, esos “no” se van transformando en “sí.” Aquellos “no” que en otro tiempo me obligaron a estrategias de sobrevivencia en las cuales frecuentemente creí haberme perdido y haber perdido mi identidad y mi sentido de vivir, se han ido y se siguen transformando en fuerza activa. Resiliencia. La carencia que genera competencia. Entonces aunque no tenga algo determinado para decir, vengo, y la palabra viene. Vengo aquí, a la hoja, y entonces escucho. Escucho el silencio. Y en el silencio las cosas se van integrando. Se va rehaciendo la unidad de la vivencia, la unidad de todo lo que existe, y mi unidad se hace evidente.

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