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Este texto debería ser escrito en portugués, ya que se refiere al triunfo de Lula en la elección presidencial de Brasil. El hecho de que yo me encuentre en Mendoza, sin embargo, me obliga a usar un computador prestado. Esto suprime algunos signos ortográficos. Pero tengo certeza de que no altera lo que quiero compartir.

El discurso de Lula el 30 de octubre, cuando se supo el resultado oficial de las elecciones presidenciales, me tocó profundamente. Después de mucho tiempo escuchaba al final, alguien que es lo que dice. Es lo que es. Es lo que está ahí, a la vista. Esto tiene un efecto sanador.

No era alguien tratando de convencer, tratando de demostrar algo, o de exhibirse. Era lo que yo estaba escuchando. Mientras yo escuchaba Lula, algo en mí se iba juntando, se iba reuniendo. Y tengo certeza de que se seguirá juntando y reuniendo.

Vengo acompañando la trayectoria de Lula desde el comienzo de la lucha por la democratización de Brasil. Y el Lula que vi y escuché, es un florecimiento, el resultado consistente y coherente, impactante, de un proceso de crecimiento. Confieso que tengo dificultades de acompañar a alguien tan característico. Escapa del padrón.

En esto nos parecemos. Y en muchas cosas más. Lo que más me tocó, lo que más me toca de este nordestino, este pernambucano, este brasileño de corazón ilimitado, es su capacidad de no traicionarse, no doblarse, no ser lo que no es. La fuerza del ser es indetenible. Y esto es lo que Lula demostró en estas elecciones. Es tan entero como siempre.

Para un muchacho como yo, que quiso a la Argentina como Lula quiere al Brasil, es toda una lección. Se puede. Sí, se puede. Gracias, Lula, por recordarme que es posible. Es posible tener un sueño del tamaño de un país. Yo tuve ese sueño en la Argentina de los años 1960 y 1970, y lo sigo teniendo. Ahora en un país ampliado.

Lula me lo recordó vivamente, y esto me trae de vuelta sensaciones juveniles que me seguirán acompañando. La palabra es más que un medio. Es lo que somos. La muerte no es la derrota. La derrota es el falseamiento, es el autoengaño, es la simulación, es la mentira, es la fuerza bruta.

Todo lo que fue derrotado por el pueblo brasileño el 30 de octubre de 2022. Fue sepultado lo que no debe prevalecer. Lula renació cada vez que lo trataron de destruir, y volvió mejorado. Esto es lo que creo que nadie debería olvidar. Yo no lo olvido.

No necesito citar Paulo Freire, exhibir algunas frases de este otro pernambucano que iluminó mis intentos por una Argentina sin hambre, sin violencia ni dominación. Lo que brilla con luz propia no necesita de artificios. Brilla y listo.

Paulo Freire y Lula. Brasil. Soy lo que hago. Soy estas palabras que van adelante iluminando mi camino. Soy parte de esa vasta humanidad que no se dobló, no se rompió, no se perdió. Una semilla me servirá, leemos en la Escritura. Ahora sé que es cierto. ¡Adelante!

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