2022: el deseo de cambiar

El calendario gregoriano nos indica que en algunos días cambiamos de año. A esta fecha la llamamos Año Nuevo. Un evento que genera bastante alegría, fiestas, celebraciones, expectativas y, casi siempre, promesas. Observamos el año que está a punto de terminar, lo revisamos, reflexionamos sobre lo que queremos mantener y prometemos que cambiaremos todo lo que no nos gustó o nos brindó infelicidad. El Año Nuevo nos trae la esperanza de que algo cambia y que con este cambio seremos más felices. Lamentablemente muchas veces olvidamos dos detalles.

El primer detalle olvidado es que, para realizar un cambio, desde el más pequeño al más grande, necesitamos una dosis de tiempo, un poco de esfuerzo, ambos combinados con una dosis de aceptación de la frustración. El segundo detalle que se olvida es que muchas veces, o casi siempre, un pequeño cambio en un ámbito puede generar cambios enormes en otros que no habíamos considerado en nuestras promesas de fin de año.

Para quienes vivimos en Chile, este nuevo año nos trae la esperanza de cambios. Cambia el gobierno, cambia una visión de mundo, cambian las promesas y también cambian algunas creencias fundadas en premisas fundamentales acerca de lo que significan los cambios y nuestros juicios o prejuicios en torno a ellos. Interpretamos como buenos cambios los que imaginamos estarán más cerca de lo que creemos y como malos aquellos que se alejan de esa percepción. ¿Podemos decir a priori, sin ninguna duda, que los cambios serán buenos o malos? No, ya que cualquier cambio sólo podrá ser evaluado en el tiempo y teniendo  en cuenta el proceso que lo originó.

Deseamos cambios, pero nuestra naturaleza humana también desea que no cambie nada porque, aunque lo olvidemos, intuimos que cualquier cambio llevará a otros y otros y otros que no somos capaces de imaginar. Y, aunque parezca una paradoja, tenemos miedo de abandonar el sentido común, miedo de romper con las amarras de algunas situaciones que, de tan antiguas, nos parecen cómodas, aunque ya no brinden felicidad. Olvidamos que toda nuestra existencia se basa en cambios sobre los cuales no tenemos ningún control.

Mi deseo para este 2022 es dejar la temerosa inercia para darle la bienvenida a los cambios con la esperanza de que, al concluir el año, podremos evaluarlos y, si es necesario, volver a cambiar, porque –tal como dijo el poeta Charles Olson– “lo que no cambia es el deseo de cambiar”.

Fuente: El Desconcierto

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