Espiritualidad integrativa e incluyente (Volver a ser)

Vivimos en un tiempo de pluralismo religioso. No tenemos tiempo para persistir em actitudes exclusivistas y separativas, del tipo: mi religión es más verdadeira que la tuya. O: sólo mi religión es verdadera. No hay religiones verdaderas o falsas.

Hay personas que encaran la vida, que viven la vida, como algo sagrado. Estas personas son religiosas, no importa a cuál religión pertenezcan, o aún si no insisten en decirse adeptas de este o aquél credo.

Yo no me pongo en la postura de alguien que pueda estar queriendo enseñarle algo a los demás. Solamente trato de ser consecuente comigo mismo, con aquella parte de la verdad que me es dado ver. Cuando yo digo que no tenemos tiempo, debería corregirme: no tengo tiempo.

Sé que no tengo mucho tiempo, pero cada segundo me es precioso. He vivido certa cantidad de años, pero esto no me autoriza a querer atropellar las crencias o las vivencias denadie. Talvez sea la noción del escaso tiempo que me queda, que me haga saber que hay algunas cosas invalorables.

La primera y más fundamental, es la propia vida. No concibo nada superior a la propia vida. Para mí, la vida es el primero y más importante de todos los valores. Es el dato básico, es el punto de partida. Lo que no sirve para la vida, no sirve.

Y si vos servís a la vida, por poco que vos estés dando, estás dando mucho. Lo poco que cada uno, cada una de nosotros haga por la vida, es siempre mucho. Aprendí desde muy chico, com mi madre, y com mi padre, que no hay diferencias entre las personas.

Talvez este sea el más grande tesoro que haya recibido en mi criación. El lechero, el verdulero, el abogado, el arquitecto, eran todos gente. Eran todos tratados como gente. No había diferencias.

El tiempo pasó, y creo que aún sin que lo percibiera, comencé a entrar de algún modo, en la disociación del sistema. Aquí los que saben, los que valen, los que pueden, y allá, los ignorantes, los idiotas, los que no valen nada. Empecé a tomar conciencia de mí mismo, mucho tiempo después.

La academia, la universidad, y lo cotidiano, eran mundos opuestos, contrapuestos. Yo y los demás, una lucha. Yo no sabía más quién era yo. A esta altura de la vida, a esta altura de mí mismo, no estoy más buscando culpables. Al contrario, emprendí el caminho de la liberación, para tenerme de vuelta.

Descubrí que ni yo mismo tampoco era culpable de nada. De a poco, en la medida em que me fui entregando al amor de una mujer y empezando a compartir con personas más simples, fue siendo retirado de mi vista, un velo.

Esto es literal, no alegórico. Ocurrió en 2001, en Cabedelo, en Paraíba, en una reunión con Agentes Comunitarios de Salud.

Yo me había jubilado de mi trabajo como profesor de la UFPB por razones de salud, y estaba acompañando a mi actual esposa, en actividades de salud mental comunitaria en ese municipio paraibano.

En 2004, acompañé la llegada de la Terapia Comunitaria Integrativa a João Pessoa.

Entonces comencé a estar en contacto con personas pobres, com las cuales fui haciendo mi camino de vuelta. Pero la disociación era más profunda. Yo estava roto por dentro, partido, dividido.

En 2009, completé mi formación como terapeuta comunitario, y fue entonces que ocurrió mi más verdadeiro y más reciente retorno.

Creo que uno va volvendo de a poco. Puede ser que algunos o algunas, vuelvan de una vez, pero yo fui volvendo de a poco. La persona se olvida de quién es. Y, en la Terapia Comunitaria Integrativa, vos empezás a acordarte de quien sos vos. Este proceso es contínuo, no se detiene.

El sistema capitalista vive de la disociación. Crea la oposición de la persona contra ella misma. Es lo de Paulo Freire: la internalización del opresor. Empecé a juntarme com cristianos y cristianas que actúan en las comunidades pobres. Algo em mí empezó a juntarse. Y continúa juntándose.

La vida no es muy larga. Yo sé que todo tiempo es precioso. Anteayer participé de una reunión en las Librerías Paulinas, de la cual participaron varios curas, y muchos legos, entre ellos, dos terapeutas comunitarias formadas en 2012 en Lagoa Seca, en el interior de Paraíba.

Participé de ese proceso formativo, en el cual tuve la exacta noción de estar, cada vez más, volviendo a ser quien soy. El sistema capitalista genera alienación, vive de la disociación, pero en las mismas entrañas del sistema que mata la vida, la vida se recrea.

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