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Lo Femenino y el Espíritu Santo

Es convicción de fe de los cristianos que el Hijo de Dios-Padre se encarnó en el hombre Jesús de Nazaret. Así la encarnación, bien representada en la fiesta de Navidad, es una de las celebraciones principales de la cristiandad.

Casi nunca pensamos en la “encarnación” del Espíritu Santo. Al contrario, nos concentramos más en la fiesta de Pentecostés, que recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en el cenáculo. Sobre todos los que estaban con ellos, de varias procedencias y que hablaban las más distintas lenguas, una especie de lengua de fuego descendió sobre sus cabezas. Todos entendierom el mismo mensaje como si hubiese sido dicho en la lengua de cada uno.

Esta fiesta de Pentecostés nos ofrece la oportunidad de profundizar en el significado del Espíritu en la humanidad y en la creación.

Pensándolo bien, el Espíritu estaba siempre en el mundo. El primer capítulo del Génesis refiere que el Espíritu se cernía sobre el desierto, el vacío y las tinieblas primigenias (touwaboú en hebreo) y dio origen y ordenó todas las cosas creadas. El amor, la bondad, la solidaridad, la compasión y todas las demás virtudes tienen que ver con el Espíritu Santo. Estas realidades se encuentran en todos los pueblos de la Tierra. Por eso se dice que el   Espíritu Santo llega antes que el misionero. Este ya encuentra la presencia del Espíritu en aquellas  realidades tan humanas. El evangelio viene a confirmarlas y consolidarlas.

Y aquí surge la pregunta: un hombre, Jesús de Nazaret, fue divinizado por la encarnación del Hijo  eterno, pero ¿qué pasa con la mujer? Para el equilibrio de la propia autocomunicación de Dios (revelación), ¿no sería conveniente divinizar también a la mujer? Así lo masculino y lo femenino (animus y anima), la totalidad del fenómeno humano, comenzaría a pertenecer al propio Dios. Toda la humanidad sería entronizada en la Suprema Realidad.

Esta reflexión tiene cierta actualidad, pues vivimos bajo la eventual amenaza de desaparición de la especie humana debido a nuestra propia irresponsabilidad, por haber destruido las condiciones físico-químico-ecológicas que sustentan nuestra vida. Si por un acaso esto llegase a suceder, podemos decir que algo nuestro, lo masculino y lo femenino,em Jesús y María están ya eternizados y habríamos alcanzado el punto Omega de la antropogénesis.

Por tanto, algo nuestro jamás desaparecerá, lo que fundamenta la esperanza de que tampoco nosotros vamos a desaparecer.

Retomando el tema, podemos decir que una mujer, Miriam de Nazaret, fue también elevada a la altura de la divinidad. No soy yo quien lo dice, sino el mismo evangelista san Lucas, cuando es leído con ojos no patriarcales. De hecho, él dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo armará su tienda sobre ti y por eso el Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios” (1,35).

Tenemos que leer el texto en su original griego para entender el mensaje ahí revelado. Entonces nos damos cuenta de que el evangelista Lucas usa la misma palabra con referencia a Miriam que el evangelista Juan usa refiriéndose a Jesús. Ambos usan la expresión “tienda” (skené en griego) para expresar la morada permanente, no fugaz, sea del Hijo sea del Espíritu Santo.

Lucas dirá que el Espíritu Santo “armará su tienda” (episkiásei: 1,35) sobre María. Juan dirá también “que el Logos (Hijo) armó su tienda entre nosotros” (eskénosen: Jn 1,14). Como puede verse, subyace a esos verbos la misma expresión, skené: morada permanente, personal y duradera de las divinas Personas, ya sea sobre el hombre Jesús o sobre la mujer Miriam. “Por eso” (diò kaì) lo que nacerá de ella es Hijo de Dios”.

Sólo es Hijo de Dios quien nace de alguien que ha sido elevado a la altura de Dios. Fue lo que ocurrió con Miriam de Nazaret. Sólo es posible la venida del Hijo de Dios-Padre encarnándose en Jesús porque antes ocurrió la venida del Espíritu, que asumió a la mujer, Miriam, que gestó al Hijo de Dios-Padre. De aquí que la primera Persona divina en venir a este mundo no fue el Hijo sino el Espíritu Santo.

Por todo esto nos es concedido afirmar que una mujer ha sido también divinizada. Así llegamos a un perfecto equilibrio humano-divino. Lo masculino a través de Jesús y lo femenino a través de Miriam forman parte del misterio de Dios. Ya no podremos hablar de Dios sin hablar del hombre y de la mujer. Ni tampoco podremos hablar del hombre y de la mujer sin hablar de Dios.

Se nos escapa lo que significa, en su última radicalidad, esta imbricación divino-humana, masculino-femenino y las dos divinas Personas. Son misterios que remiten a otros misterios; misterios no como límite de la razón sino como lo ilimitado de la razón, misterios que no dan miedo cual abismos aterradores sino que extasían como las cumbres de las montañas. En el fondo se trata de un único Misterio de comunión y de donación, de ternura y de amor en el cual Dios y los seres humanos estamos indisolublemente envueltos.

Sé que hay feministas que no aceptan este tipo de reflexión y alegan que no necesitan la divinización para ser plenamente mujeres. Yo solo hago esta consideración: “te estoy mostrando una estrella; si no puedes verla, no es por culpa de la estrella sino de tus ojos”. La oferta de sentido sigue siendo válida.

El Espíritu no restringe su presencia solo a lo femenino, comenzando por Miriam de Nazaret, sino que en cierta forma tiene una presencia cósmica. Dice un antiguo dicho: “El Espíritu duerme en la piedra, sueña en la flor, despierta en los animales y siente y sabe que está despierto en el ser humano”.

De esta forma, la historia del mundo y del universo es la historia de la acción creativa y siempre dinámica del Espíritu rumbo a una plenitud siempre ansiada que un día, así lo esperamos, se va a realizar.

Traducción de Mª José Gavito Milano

(04/06/2022)

Pascua: la irrupción de lo inesperado

Los cristianos celebran en Pascua aquello que ella significa: el paso. En nuestro contexto, es el paso  de la decepción a la irrupción de lo inesperado. La decepción aquí es la crucifixión de Jesús de Nazaret y lo inesperado, su resurrección.

Él fue alguien que pasó por el mundo haciendo el bien. Mas que doctrinas introdujo prácticas, ligadas siempre a la vida de los más débiles: curaba ciegos, purificaba leprosos, hacía andar a cojos, devolvía la salud a muchos enfermos, daba de comer a multitudes y llegaba a resucitar muertos. Conocemos su fin trágico: una trama urdida entre religiosos y políticos lo llevó a la muerte en la cruz.

Los que lo seguían, apóstoles y discípulos, quedaron profundamente frustrados con el fin trágico de la crucifixión. Todos, menos las mujeres que también lo seguían, empezaron a volver a sus casas. Decepcionados, pues esperaban que traería la liberación de Israel. Tal frustración aparece claramente en los dos discípulos de Emaús, probablemente una pareja, que caminaban llenos de tristeza. A uno que se une a ellos en el camino, lamentándose, le dicen: “Nosotros esperábamos que fuese él quien liberara a Israel, pero hace ya tres días que lo condenaron a muerte”(Lucas 24,21). Ese compañero del camino se reveló después como Jesús resucitado, reconocido en la forma como bendijo el pan, lo partió y lo distribuyó.

La resurrección estaba fuera del horizonte de sus seguidores. Había un grupo en Israel que creía en la resurrección, pero al final de los tiempos, una resurrección entendida como una vuelta a la vida como siempre fue y es. Pero con Jesús sucedió lo inesperado, pues en la historia siempre puede ocurrir lo inesperado y lo improbable. Sólo que lo improbable y lo inesperado aquí son de otra naturaleza, un evento realmente improbable e inesperado: la resurrección.

Ella debe ser bien entendida: no se trata de la reanimación de un cadáver como el de Lázaro. La Resurrección representa una revolución dentro de la evolución. El fin bueno de la historia humana se anticipa. Ella significa lo inesperado de la irrupción del ser humano nuevo, como dice San Pablo, del “novísimo Adán”.

Este evento es realmente la concretización de lo inesperado. Teilhard de Chardin, cuya mística está toda centrada en la resurrección como una absoluta novedad dentro del proceso de la evolución, decía que era un “tremendous”, algo que por tanto alcanza a todo o el universo.

Esta es la fe fundamental de los cristianos. Sin la resurrección las comunidades cristianas no existirían. Perderían su evento fundador y fundante.

Finalmente cabe resaltar que los dos misterios mayores de la fe cristiana están íntimamente ligados a la mujer: la encarnación del Hijo de Dios a María (Lucas 1,35) y la resurrección a María de Magdala (Juan 20,15). Parte de la Iglesia, la jerárquica, rehén del patriarcalismo cultural, no ha atribuido a este hecho singular ninguna relevancia teológica. Ella seguramente está en el designio de Dios y debería ser acogido como algo culturalmente innovador.

En estos tiempos sombríos, marcados por la muerte y hasta con la eventual desaparición de la especie humana, la fe en la resurrección nos abre un futuro de esperanza. Nuestro fin no es la autodestrucción dentro de una tragedia sino la plena realización de nuestras potencialidades a través de la resurrección, la irrupción del hombre y de la mujer nuevos.

Feliz Pascua a todos los que consiguen creer y también a quienes no lo consiguen.

 

Traducción de Mª José Gavito Milano

Indignación, fatalismo, fe, esperanza y aprendizaje: Covid-19

La aparición de la Covid-19 ha traído grandes cuestionamientos para la existencia humana. Para frenar su propagación se han impuesto varias medidas restrictivas que han provocado impaciencia, indignación, desesperanza y fatalismo. Pero han creado también la oportunidad de fe, de esperanza y sobre todo de reflexión acerca del sentido de nuestra presencia en este planeta y un aprendizaje para la vida, que debe continuar mejor, más tierna y fraterna.

El virus invisible ha desenmascarado la arrogancia del ser humano moderno que se juzgaba un pequeño dios, capaz de dominar las fuerzas de la naturaleza con la tecnociencia y someterlas a su servicio. La Covid-19 ha demostrado que solamente somos señores de la naturaleza si la obedecemos. No somos dueños sino parte de la naturaleza junto a y no encima de los demás seres.

La Covid-19 nos ha revelado como seres expuestos a la imprevisibilidad y la vulnerabilidad, es decir, no dominamos las condiciones que garantizan o amenazan nuestra vida. ¿Quién, exceptuando epidemiólogos, como uno de los mayores, David Qammen, previó la llegada amenazadora del virus? Son pocos los países que tienen un SUS (Sistema Único de Salud) como nosotros en Brasil. No lo tienen Estados Unidos, Italia, España y México entre otros. Además somos seres que no poseen ningún órgano especializado (Mangelwesen de Arnold Gehlen) que asegure nuestra existencia ni poseemos un hábitat propio, como tienecada especie de la naturaleza. Tenemos que construir, mediante la interacción con la naturaleza y el trabajo. Nuestro hábitat, o sea, un lugar hospitalario en el cual podemos vivir sin mayores amenazas y en paz.

El virus ataca a personas, ricas y pobres, clases, religiones y todas las naciones del planeta. Las armas de destrucción masiva sobre las que se funda el poder de los imperios de hoy en busca de hegemonía mundial e incluso del dominio sobre otros pueblos, se han vuelto ineficaces e incluso ridículas. Lo que nos está salvando no son los mantras de la cultura del capital (lucro, competencia, individualismo, asalto a los bienes y servicios de la naturaleza, dominio del mercado sobre la sociedad) sino los valores casi ausentes en este sistema capitalista y neoliberal: la centralidad de la vida, la interdependencia entre todos, la solidaridad, la generosidad, el cuidado de unos a otros y de los escasos bienes naturales, las relaciones sociales más amigables frente a la insaciable voracidad del mercado, un estado social que atiende las demandas básicas de sus ciudadanos Este es un aprendizaje que estamos haciendo; hay que interiorizarlo y fundar un nuevo paradigma de comportamiento, para que no se traduzca en unos pocos actos sino en una actitud permanente, ya que esto es lo que transforma.

La indignación y la impaciencia son comprensibles porque somos seres sociales. No poder convivir, abrazar y besar a nuestros seres queridos y amigos es doloroso y triste. Asumimos las renuncias como cuidado de nosotros mismos y como solidaridad con los demás para no contaminarlos ni contaminarnos nosotros mismos. Importa que la indignación se transforme en empatía por los que sufren, ya sea en los hospitales, o con las familias que han perdido a sus seres queridos.

El fatalismo significa aceptar un hecho como inevitable ante el cual no podemos hacer nada. Esta es una visión negacionista que nos lleva a la inercia y al abatimiento. Olvida que el ser humano fue creado creador; tiene energías ocultas en su interior que son más fuertes que la dureza de los acontecimientos. Podemos resistirlos, evitarlos y, aunque ocurran, siempre es posible sacar lecciones de ellos y así superarlos. Nada es fatal en este mundo. Solo la muerte lo es. Pero la muerte no tiene por qué significar el fin de nuestra peregrinación, sino el momento de transfiguración, el ejercicio de la libertad suprema al no permitir que nos quiten la vida, sino entregársela a un Mayor, y despedirnos de este mundo agradecidos por el hecho de haber existido. La última palabra de Santa Clara, compañera de San Francisco de Asís, es inspiradora: “Señor, te doy gracias por haberme creado”. Inclinó la cabeza hacia un lado y expiró y así cayó en los brazos de Dios-Padre-y-Madre de bondad que la esperaban.

Ante la pandemia avasalladora, es urgente suscitar la fe y alimentar la esperanzaLa fe, en su sentido bíblico, significa más que acoger verdades y adherirse a doctrinas. Es sobre todo confiar en Alguien que acompaña nuestros pasos, conoce todos nuestros altibajos, sabe de qué polvo estamos hechos y se apiada de nosotros. Por eso, como dice de forma consoladora el Salmo 103: “Él no está siempre acusando ni guarda rencor para siempre; como un padre tiene compasión de sus hijos, así el Señor se compadece de los que confían en él, porque conoce nuestra naturaleza y recuerda que somos polvo” (v. 9-14). Tener fe significa que la vida, por penosa que sea, tiene sentido y vale la pena asumirla y amarla. Hoy la asumimos en su fragilidad y confiamos en que ese Alguien pueda compadecerse de nosotros y salvarnos del virus letal

La esperanza nos hace comprender que lo invisible es parte de lo visible. La realidad empírica y dada no es toda la realidad. Oculta algo invisible que pertenece a nuestra condición humana: las innumerables posibilidades y virtualidades escondidas dentro de nosotros. Podemos desentrañarlas inventando una nueva solución a nuestros problemas. La esperanza nos permite soñar y pensar en mundos aún no vividos y ensayados pero que nos desafían a darles forma. Mientras haya esperanza, no habrá callejones sin salida. Por la esperanza nos convencemos de que la Covid-19 no será el Next Big One, el gran virus terminal, contra el que ninguna vacuna sería eficaz y que podría liquidar gran parte de la biosfera y acabar con millones de seres humanos. Pero el virus es misterioso, desconocemos las consecuencias y su posible permanencia endémica entre los humanos. Todo indica que el mundo pre-pandemia definitivamente ha pasado. Debemos prepararnos para algo nuevo en la humanidad: una nueva forma de vivir y convivir entre nosotros los humanos y con la naturaleza a ser regenerada.

Nuestra esperanza es que aún tenemos futuro. Nacidos en el corazón de las grandes estrellas rojas, hace miles de millones de años, seguiremos irradiando. Alimenta nuestra esperanza una de las últimas frases de la Laudato Si: cómo cuidar de la Casa Común delPapa Francisco: “Caminemos cantando; que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza” (n.244).

Traducción de Mª José Gavito Milano

(09-04-2021)

Eternamente

Una hoja frente a mí es la posibilidad de la vida
Es la perspectiva del reencuentro
Reespejamiento
Los años nos ponen en un lugar de mayor seguridad
Hay cosas que ya se dan a sí mismas por sentadas
Es tiempo de recoger
Cuidar de las semillas
No es necesario hacer tanto esfuerzo
Como dice el Papa Francisco
Remansar
Dejarse llevar
Remar y dejarse llevar
Saber que la meta es segura
El tesoro es Dios en nuestro propio corazón
La vida tiene una duración determinada desde cierto punto de vista
Desde otro punto de vista es eterna
El amor es lo que nos eterniza

Concientemente

No me basta vivir. Tengo necesidad de saber que estoy viviendo concientemente. Saber que soy yo mismo todo el tiempo, sin concesiones a las concesiones habituales y adaptativas, que puedan estar robándome este instante de valor sin igual.

Trato de vivir con propósitos, con finalidades y con determinación. Estar todo entero en cada pequeña cosa. Entonces todo es pleno. Y veo que mi vivir es integrado, es una costura de tiempos y no un mero transcurrir ausente o semiausente.

Cuando consigo estar plenamente presente, todo está bien. Lo que me angustia y molesta es la semivida, el estar a medias, el hacer de cuenta. Pasé buena parte de mi vida luchando contra presiones adaptativas forzadas más o menos clara y abiertamente.

Creo que conseguí ser yo mismo aún en muchas situaciones en que parecía que sería imposible no tener que ceder y doblegarse. No lo consigo siempre, hay momentos de distracción o ausencia o automatismo.

Pero trato de que mi estar aquí, tan valioso y preciso, sea justamente cada vez más mío, cada vez más clara y totalmente yo aquí. A la edad en que me encuentro, veo la trayectoria total de mis dias, como un tejido integrado que me contiene y representa de manera bastante verídica.

Poco falseamiento. A no ser unas cobranzas de mayor autonomía y decisión que tengo que enfentar casi diariamente, desmintiendo el saldo negativo inexistente. Rehaciéndone cada vez más yo. Siempre más yo. Esto me calma y tranquiliza. Me da paz.

Puedo fluir y tener mis lugares convivenciales y relacionales y ejercer mi voluntad creativamente para conservar mi libertad. Da trabajo, pero es divertido a veces. Otras veces, cansa. Es como jugar. A veces gano, otras no. Pero siempre me alegra ver que tengo otra chance.

Confianza

Hoy estuve en el Centro de Formação Missionária Pe. José Comblin, en Café do Vento.

Era la segunda vez que iba allá, con mi esposa y amigos. En el camino, la palabra “confianza” me vino. Esto me trajo mucha tranquilidad. Ahorita nomás, me vino otra vez esta palabra: confianza. Parece oportuno recordarla, en estos tiempos que nos toca vivir.

En particular, en la reunión en pequeños grupos esta mañana, me hizo bien saber que es posible atravesar situaciones muy difíciles, y salir ileso. El encuentro de hoy me alegró por varios motivos. Tal vez el principal, el énfasis que se le da al conocimiento de experiencia, vivencial, en la educación continuada.

En esto convergen Adalberto Barreto –creador de la Terapia Comunitaria Integrativa– y José Comblin. Creo que esto es lo que me sana en estos encuentros. Gente del campo y de la ciudad, las trayectorias son parecidas. Los desafíos son comunes. En el fondo, todos sabemos lo que nos hace bien y lo que necesitamos.

Pero me hace bien reforzar esto, no sólo en mi pensamiento, sino en el diálogo, en la escucha de otras personas. También me alegra saber que seguimos construyendo redes. Se van creando lazos. Proyectos en común se van configurando. Común, comunidad, son palabras que escucho frecuentemente. Uno afianza su identidad, al recordar sus orígenes. Nos enraizamos en el aquí y ahora, colectivamente.

En busca de una clave de lectura del legado de José Comblin: enunciados acerca de su vivencia y de sus escritos

Dinámicamente conectada con su densa personalidad, la vida de José Comblin se confunde con un impetuoso movimiento de renovación socio-eclesial que él anima con viva pasión y perseverancia incansable, en América Latina, y más intensamente en el nordeste brasilero, durante más de cincuenta años . Al acompañar y animar tal movimiento, también José Comblin, como excelente aprendiz de él recibe buenos influjos.

De esta larga actuación misionera, profética, social-política, pedagógica, investigativa – que ni siquiera su reciente partida (“el gran viaje”, como acostumbraba a anunciar), no sólo no consigue interrumpir, sino que inspira y despierta iniciativas y desarrollos impactantes, en distintos sujetos y en diferentes campos de sus actividades. Y no sólo en grupos y personas que lo acompañaron más de cerca, sea por los caminos por él recorridos, sea por medio de su vastísima obra teológica.

¿Cómo atreverse a ensayar pasos en búsqueda de una mirada de conjunto, un perfil sinóptico de José Comblin? ¿Cómo ensayar un esfuerzo de comprensión de lo fundamental de su legado de misionero, de profeta, de pedagogo, de teólogo? Para una empresa de éstas no bastaría recorrer, de forma sistemática, la lectura de sus escritos. He aquí algunas de las preguntas que nos inquietan y que nos ocupan, en estas líneas. Y tratamos de ejercitar este propósito, por medio de enunciados que van brotando espontáneamente de nuestro espíritu, con la intención de que puedan servir de incentivo a los jóvenes del medio popular en proceso de formación, y de pistas a los iniciados, en vista de eventuales profundizaciones temáticas.

Se torna superfluo decirlo, pero aún así insisto en expresar – que se trata de enunciados hipotéticos, parciales, limitados, provisorios – sobre lo que consigo alcanzar de fundamental del legado de José Comblin, a partir de lo que conseguí recoger de él y de tantos y tantas que con él convivieron más de cerca, tomando como referencias algunas decenas de sus textos teológicos (soy miembro de un grupo que, hace algunos años, viene estudiando su contribución teológica, especialmente los textos que él dedica a la comprensión de la acción del Espíritu Santo en el mundo), así como el conjunto de sus iniciativas misioneras y formativas, más allá de las conversaciones, mantenidas en las últimas décadas.

1. La liberación de los pobres constituye el núcleo fundamental de la Propuesta y del Seguimiento de Jesús.

2. La liberación de los pobres se hace por la fuerza del Espíritu Santo actuando incesantemente en los caminos y los enfrentamientos de la Historia, a medida que los pobres, concientizándose y respondiendo a su vocación, se organizan y se van constituyendo como Pueblo de Dios, en una red de comunidades autónomas y dinámicamente relacionadas, cuyas decisiones son tomadas desde la periferia hacia el centro, de abajo hacia arriba, de adentro hacia afuera.

3. A lo largo de su historia, las iglesias siempre tuvieron de alguna manera, la preocupación con los pobres, en cuanto objeto de compasión y de su obra asistencial. La Propuesta de Jesús pide mucho más que eso: Que todos nos convirtamos a la causa liberadora de los pobres, los enfermos, de los sin poder, de los sin voz y sin oportunidades. Esto sólo muy raramente ha ocurrido, gracias al testimonio profético de personas y grupos, tocados por y sensibles al llamado del Evangelio.

4. Es por la acción incesante, multiforme y coherente con la Palabra, que se va haciendo camino en la formación del Pueblo de Dios, en defensa de la vida del Planeta y de los Humanos, siempre por caminos de libertad.

5. José Comblin se mostraba en un estado permanente de búsqueda, muy vigilante y alerta a las señales de los tiempos, manteniéndose al día de lo que pasaba en el mundo y en la sociedad, en diferentes escalas, y en las distintas esferas de la realidad.

6. Ejercitando con reconocida competencia, a lo largo de toda su vida adulta, el oficio de teólogo, siempre hizo de la teología no un fin en sí misma, sino que, al igual que los grandes teólogos, siempre relativizó ese oficio, asumiéndolo como un instrumento, un punto de partida, a partir del cual trataba de dialogar crítica e incansablemente con diversos otros campos de saberes (científicos, artísticos y otros), procedimiento transdisciplinario al cual se atribuye la fuente más fecunda de la contribución de su denso legado, inclusive en la producción teológica.

7. Como resultado de esa característica, su obra teológica (en cualquiera de las áreas) se encuentra fuertemente impregnada de múltiples asociaciones e interacciones con la realidad social. En José Comblin, no se hace teología fuera del mundo, sino como un permanente ejercicio situado y fechado.

8. Sólo por medio de una formación permanente de los pobres, en que éstos se sientan y actúen como actores o protagonistas, sea como sujetos colectivos, sea como personas, es que se van tejiendo caminos rumbo a la Libertad, y por medio del ejercicio de la libertad.

9. No se deben esperar cambios sustantivos (en la sociedad y en las iglesias), confiándose de que vengan espontáneamente de arriba para abajo o de fuera para dentro. Cabe siempre a quien sufre la situación, la toma de la iniciativa para cambiarla.

10. Son ampliamente conocidas y reconocidas su refinada sensibilidad y su apertura ecuménica, de que son prueba convincente la densa reputación y el fraterno aprecio de que venía crecientemente gozando, como teólogo y como profeta, también por parte de los hermanos y hermanas de iglesias reformadas.

11. En el caso de las iglesias, muy poco se puede esperar de cambios significativos, a partir de las estructuras obsoletas (por ejemplo: vía modelo parroquial). Los autores de estos cambios son sobre todo los laicos y las laicas que priorizaron trabajos de, y en la base, fuera del templo, junto a los pobres y a las personas y grupos más olvidados y más discriminados.

12. Camino semejante, en relación con los desafíos de los cambios sociales: no vendrán de arriba, (de los grandes grupos económicos o del Estado y sus instancias, aunque fragmentos de éstos últimos puedan venir ocasionalmente en socorro). Deben ser, antes, buscadas y construidas junto a los “de abajo”, por la vía de los movimientos sociales, mientras se mantuvieren fieles a la causa liberadora de los pobres y marginalizados.

13. En la amplia variedad de formas de exclusión social, una consiste en la exclusión por el lenguaje. Hay una praxis academicista, largamente dominante, según la cual sólo a pocos iniciados es dado desvelar lo que se expresa en el habla o en los escritos de los especialistas. También aquí José Comblin adopta la pedagogía del ejemplo: su hablar y sus escritos, sin perder la profundidad que lo caracteriza, habla y escribe tan accesible a todos, a todos los que escuchan o leen.

14. Se empeñaba diariamente en poner en práctica sus convicciones, de modo que en su convivir – a los ojos de los y de las que estuvieran más próximos a él y lo leían con asiduidad – era posible observar la íntima y práctica asociación entre gestos y palabra. Y lo hacía del modo más sutil posible.

15. Con rara sensibilidad a las personas de distintas edades, era visible su confianza más pronunciada por los jóvenes, en quienes depositaba su mayor confianza y a quienes dedicó lo mejor de su trabajo formativo.

16. También en el plano social, no sólo nutrió una constante esperanza, sino también ejercitó continuo diálogo con los movimientos sociales populares y con las pastorales sociales. Prueba de ello es, entre otras actividades por él desarrolladas, su actuación formativa con la Escuela Nacional Florestan Fernandes, fundada para servir como espacio formativo continuo de los movimientos sociales del campo y de la ciudad.

17. Es conocido y reconocido el CUIDADO de José Comblin por la Madre-Naturaleza. Y no se trata de una preocupación reciente (como se dio en su vigorosa actuación de combate teórico-práctico contra el Proyecto de Transposición). Viene de lejos su aplicación apasionada al cuidado del agua, de los bosques, de los ríos… Se cuentan decenas o cientos de árboles que plantó y que cuido. Pocos saben, por ejemplo, de la caída que sufrió al tratar de contener el principio de incendio en el bosque, en terreno extremadamente accidentado, en el sitio en que residía, en Bayeux – PB.

18. Como pocos, José Comblin tenía la capacidad habitual (ya en él enraizada, por lo que podía prescindir con frecuencia de notas nemotécnicas), para pasar de un tema de discusión coyuntural a raíces estructurales, y su evolución a lo largo de los siglos. Con frecuencia, nos remitía, en función de la comprensión más profunda de los temas, a distintos siglos, con gran erudición.

19. La condición de la mujer y su lugar en la sociedad y las iglesias venían constituyendo una preocupación creciente en la vida y en los trabajos de José Comblin. Como no bastasen las referencias históricas a que nos remite, por ejemplo, en Vocación para la Libertad (Paulus, 1998), en sus iniciativas de carácter formativo trató también de fundar y acompañar, en Mogeiro – PB a mediados de los años 80, el Centro de Formación Misionera específico para los jóvenes del medio popular. Más recientemente, nos recordamos bien de su profética posición reaccionando contra la estrategia de criminalización del aborto, usada y abusada durante la campaña electoral del año pasado, por las fuerzas reaccionarias dentro y fuera de las iglesias.

20. Desde su formación inicial y de su formación continua, es visible el especial aprecio que cultiva por el Trabajo como experiencia humanizadora fundamental. En José Comblin, el trabajo era más que una rutina, era también factor ineludible del proceso humanizador.

21. Es notoria la desconfianza radical de José Comblin en relación a los vicios característicos de las instituciones – civiles, políticas y eclesiásticas – en su fiebre abrumadora de autopreservación. Aunque no negase la necesidad de un mínimo institucional, estaba siempre atento a alertar – inclusive a los movimientos sociales de izquierda (sindicatos, partidos, movimiento popular, pastorales sociales) – el permanente riesgo de institucionalizarse, en nombre del colectivo, pero, en la práctica, en beneficio de los dirigentes y de sus protegidos.

22. El internacionalismo constituye un relevante marco de su trabajo, de su acción, no sólo en cuanto misionero y teólogo, sino igualmente en cuanto ciudadano. Marca testimoniada por el alcance latinoamericano de su obra misionera, teológica y formativa.

23. Otra marca fuerte del legado de José Comblin tiene que ver con su pedagogía, cuya eficacia se destaca por mantener siempre iluminados horizontes de la formación propuesta (formación humanizadora como presupuesto de la formación cristiana), caminos que conducen a este rumbo (compromiso con las luchas de los pobres, protagonismos de los alumnos, capacidad de intervención social…), así como postura definida por parte de sus protagonistas. El núcleo de su propuesta apunta a una formación integral, capaz de promover junto a los alumnos el desarrollo de una personalidad madura, autónoma, consciente y libre, asociado a una formación comunitaria, cuyo acento está puesto en todo el proceso de formación, a partir del cual se da atención a cada momento específico: desde la planificación, pasando por el perfil de alumnos y formadores, por la relevancia de los temas y contenidos trabajados, por la metodología, por la evaluación, siempre en una perspectiva de promover la capacidad perceptiva y el protagonismo de los estudiantes, no sólo durante los momentos más fuertes de la formación, sino también después del curso, por medio de un acompañamiento continuo de los alumnos, ahora también formadores. En este sentido, es bien emblemática la formación vivenciada en el cuadro de las Escuelas Misioneras, propagadas en el Nordeste. Formación cristiana que implica necesariamente formación humanizadora.

24. Es siempre posible y legítimo dibujar el perfil de un autor, de una autora, a partir de su producción bibliográfica. Más complicado es dibujar el perfil de un legado que va mucho más allá de sus escritos, a la medida que es fuertemente impactado por lo vivido, lo que parece bien ser el caso de José Comblin. Una cosa es saberlo y escribir defendiendo una Iglesia pobre y servidora; otra es verlo visitando los formandos y formandas en los campamentos, animándolos a seguir en la lucha por la Reforma Agraria.

25. En un momento en que las fuerzas eclesiásticas hegemónicas anunciaban el final de las CEBs, pretendiendo sustituirlas por la expansión de los movimientos conservadores, se encargó José Comblin de anunciar, alto y claro, que las CEBs corresponden precisamente a lo nuevo, en el espectro de tantos siglos de Cristiandad. Si pasan por dificultades, gracias a las persecuciones sufridas, su propuesta es que está embarazada de lo nuevo, que hay que rehabilitar, en el tiempo oportuno.

26. Analizado en el espectro de los grandes teólogos formuladotes, en la historia del Cristianismo, José Comblin emerge, siempre sutil y humilde, como uno de los interlocutores más respetables, a la altura de dialogar críticamente con los teólogos de la Patrística, así como con un Agustín, con un Tomás de Aquino, con un Lutero y con los teólogos contemporáneos, en especial con los teólogos y teólogas latinoamericanos.

27. Un toque particularmente vivificante de la contribución de José Comblin, en su acción misionera y pedagógica, se garantiza por medio de una vivencia profunda de la mística del Seguimiento de Jesús de Nazareth, de una espiritualidad de fuerte enraizamiento evangélico, de manera de inspirar y alimentar las diferentes actividades realizadas.

Fuente: Teología Nordeste
http://www.teologianordeste.net/index.php/publicacoes/jose-comblin/77-en-busqueda-de-una-llave-de-lectura-del-legado-de-jose-comblin