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Una persona, una palabra. Una imagen, un sentimiento.

Una sensación de integración y pertenecimiento.

Un libro, una conversación con una persona, esa misma persona, pueden resumirse en una palabra y una imagen.

Esta percepción simplifica las cosas.

Cuando voy por el mundo caminando y viendo a la gente y al paisaje, muchas veces me ocurre de ver y sentir de esta manera unificada.

Entonces no me siento solo. No estoy solo.

No espero tanto.

La realidad me alcanza.

Me frustro menos y me sorprendo más.

Agradablemente.

No es que no viva en la escucha del mundo sino que, al contrario, cada vez más me veo en esa imagen integrada que me contiene.

Supero dificultades internas que surgen frecuentemente de una auto-exigencia externa internalizada.

Yo no soy eso, no soy esa persona.

Soy yo mismo.

Un movimiento cambiante e integrado.

Todo cambia y muchas cosas permanecen

El aprendizaje es contínuo.

Autenticidad

Que no nos roben el tiempo

Que no roben nuestra percepción

Que no roben nuestro sentimiento

Que seamos dueñas y dueños de nuestras palabras. Que sepamos lo que estamos diciendo.

Que sepamos que la vida que estamos viviendo nos pertenece por entero.

(Basta de ceder nuestro tiempo, nuestra vida, nuestros sentimientos, nuestras acciones, a comandos externos)

Cuando yo era joven, mucho más joven que ahora, teníamos un cuidado extremo en algo que llamábamos la autenticidad.

Han pasado los años y veo que ese eje, ese punto de vista, ese foco, me sigue guiando y fue como que una especie de seguro de vida a lo largo del tiempo.

(No puedo perderme, no voy a ceder otra vez a lo que despersonaliza)

Coherencia. Consistencia. Integración. Siguen siendo características constitutivas de una vida que se quiera sana, justa y buena.

Arte

He escrito bastante sobre la literatura y la poesía y sobre la pintura y el dibujo. El bien que me hace el arte. Cada vez que me sumerjo en la lectura de un libro, se renueva mi sorpresa.

Estaba leyendo un libro de Somerset Maugham (O fio da Navalha) y me di cuenta de que mi placer mayor estaba siendo el saborear el arte del escritor, su capacidad para captar mi atención .

Su habilidad en expresarse minuciosamente, pormenorizadamente, acerca de por qué estaba escribiendo como lo hacía, y quién era el personaje principal de la novela.

Me fascina que el arte tenga ese poder de incluirme en una realidad que fue creada por otra persona y que, sin embargo, es también mía en el momento en que la disfruto.

El arte borra fronteras. La sociedad en que vivimos crea formas de separación, distanciamiento y alienación.

El arte viene en sentido contrario, recomponiendo una unidad mínima y esencial, por la cual y en la cual lo humano se rehace de manera simple, real y concreta.

Por eso prefiero el arte a las ideologías, no importa cuáles sean. Mientras éstas nos roban la capacidad de percibir el mundo y crear un lugar propio y una vida singular, el arte al contrario, en su simplicidad nos instala en la dimensión más sutil y perenne de la realidad.

Las ideologías nos dan la ilusión de que al profesarlas, estamos haciendo algo bueno y justo, siendo que no hemos hecho nada.

Alguien pensó o piensa por nosotros, nos obliga a actuar de ciertas maneras, nos roba la atención, la percepción, la sensibilidad, el pensamiento y la conciencia, y todavía creemos que hemos hecho algo bueno. Es una aberración.

Integración

Medio somnoliento todavía. En esa frontera indecisa en la que uno va y viene entre este y el otro mundo.

Dos espacios que se mezclan e interceptan. Así estoy ahora. Ya no tan así, pero un poco, todavía. Lentamente vengo llegando, voy llegando a esta orilla, al lado de acá. Entonces ahora los ruidos que vienen de afuera. Las voces de la construcción vecina.

El ventilador en esta mañana calurosa de marzo. Los ecos del ayer. Anoche. Las conversaciones. La película que empezamos a ver. El brindis a la nueva casa, la casa que ya va dejando de estar en nuestros sueños apenas, y ya se va acercando a esta realidad.

Construyendo. Construirse. Conversar. Hacerse. Irse haciendo. Ir haciendo mío el mundo interno y el mundo externo. Esto es el escribir. Estar aquí.

Unidad

Ahora es de tarde. Se escuchan las voces de los niños y niñas de la escuela vecina. Atrás, en el patio, el jacarandá y el ciruelo. El recuerdo de los damascos y del paraíso. Hay una especie de quietud. El tiempo detenido. Hoy pensaba que vivimos en varias esferas. La esfera de la vida cotidiana y del trato social, donde predominan las interacciones cara a cara, y en donde hay intercambio de afectos y también enfrentamientos.

Una esfera de trato con personas con las cuales no tenemos mucha relación, que es como que una especie de telón de fondo contra el cual ocurre nuestra vida diaria. En estas dos esferas está presente lo más tenue de la vida, la vida propiamente dicha, que es algo muy sutil, pero muy concreto.

Hay otra esfera, que es la de la belleza. Esta es la que unifica todo. Aquí es que el vivir encuentra consistencia. Uno puede descubrirse participando de esta esfera unificada o unitaria, cuando afloja un poco con el miedo y las preocupaciones, el prejuicio y, en general, el juzgar.

Cuando aflojamos un poco con las exigencias hacia nosotros y hacia los demás, entonces este mundo más sutil y unificado, el mundo poético, es como si nos envolviera por completo, o, aún más: es como si nosotros mismos fuéramos esa eternidad. Esa permanencia amorosa y tranquila donde no hay ni antes ni después. Todo es un presente continuo que comprende el pasado y el futuro.

Identidad

Uno va mapeando su estar aquí. Muchas veces me ocurre que me doy cuenta de que estoy teniendo una percepción mía, un sentimiento mío, un pensamiento mío. Esto me llama la atención, ya que en general son cosas que ya he escrito antes. Son cosas que he ido registrando a lo largo del tiempo. Hay una diferencia clara entre lo que es mío y lo que es ajeno.

Hubo muchas cosas ajenas (pensamientos, actitudes, deseos, opiniones, sentimientos) que consideré como mías equivocadamente, durante mucho tiempo. Ahora me es más fácil saber lo que es mío, y lo que es ajeno interiorizado. Hay todavía un área difusa, confusa. Cosas que no está muy claro a qué dominio pertenecen, si a lo propio o a lo ajeno.

Pero de a poco las cosas van quedando más claras. A partir del momento en que empecé a tener esta sensación de lo que es mío, empecé a sentirme mejor. Es como volver a ser niño. Una inocencia vuelve. Un sentirse bien porque sí. Un sentimiento de felicidad que no sabe lo que es la felicidad. Estás feliz y listo. No le buscás tantas explicaciones a las cosas.