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¿Qué es vivir terapeuticomunitariamente?

Es vivir poéticamente

Personalmente

Singularmente

Totalmente

Felizmente

Solidariamente

Plenamente.

Es muchas otras cosas.

Es también vivir enteramente

Integralmente

Integradamente

Sinceramente

Verdaderamente.

Y aún otras cositas más. Como ser:

Es ser lo que soy, lo que quiero ser, lo que vine siendo, lo que me parece que podría llegar a ser.

Y nada de eso. Es estar empezando de nuevo todo el tiempo.

La vida renovándose constantemente.

Es ser lo que vine a sentir desde que me integré en esta red

Es saber que tengo un lugar en el mundo

Y que mis debilidades o flaquezas o vulnerabilidades o mi fragilidad

Son mi fuerza y mi potencia.

Un solo tiempo

¿Cuántos tiempos al mismo tiempo?

¿Qué presente?

Hoy está instalada una ideología del presente.

Como si hubiera un tiempo sin pasado, sin historia, sin memoria.

Como si hubiera sólo el instante, el momento, y nada más.

Escucho estas cosas y soy desafiado a tener una paciencia que no tengo.

Por supuesto que salgo al cruce, como salí ayer en una conversación donde se dijo esto: sólo tenemos el presente.

Tuve que decir que sin pasado no hay presente, ya que el propio presente es una construcción pasada.

El piso que piso no surgió en este momento, las palabras que uso no me llegaron en este instante, tienen su historia, sus connotaciones adquiridas a lo largo del tiempo.

Así también yo no nací (y nazco, sin embargo) en este instante, a cada instante, en todos los momentos.

Soy una suma de tiempos, una intersección simultánea y discontínua, y también parcialmente armonizada, de espacios, sentimientos, sentidos, sensaciones, actitudes, acciones, papeles, deberes, obligaciones, etc.

Esto hace que yo solamente pueda decir que vivo muchos tempos al mismo tiempo.

Lo he venido investigando y practicando en la vida diaria, así como en las clases de sociología y en las rondas de Terapia Comunitaria Integrativa.

O sea, donde estoy, soy uno y muchos.

Puedo decir con tranquilidad que soy de 8 a 80 tiempos al mismo tiempo. Esto es aproximado.

Con el tiempo podré, o no, estabelecer con exactitud la totalidad de tiempos presentes en el presente.

Tiempo de sentir

Tiempo de amar

Tiempo de recordar

Tiempo de construir

Tiempo de luchar

Tiempo de escuchar

Tiempo de hablar

Tiempo de organizar

Tiempo de jugar

Tiempo de pelear

Tiempo de iluminar.

Lo que sabemos del tiempo, es que en algún momento se acaba.

No es, por lo tanto, una investigación ociosa.

Tiempo de crear

Tiempo de pintar

Tiempo de dibujar.

Tiempo de parar.

A medida que me he ido descubriendo y reconociendo plural y diverso, multidimensional, voy encontrando más paz.

Tiempo cromático

Tiempo mandálico

Tiempo de gritar

Tiempo de llorar

Tiempo de patalear

Tiempo de nacer

Tiempo de morir. Este tiempo no lo elegimos, viene por sí mismo.

Los demás tiempos están presentes si estamos presentes.

Y si tienen tiempo, hagan sus propias listas y las vamos juntando, a ver cuántos tiempos conseguimos reunir.

Tiempo de descansar

Tiempo de florecer. Este tiempo viene después de las lluvias.

Tiempo de reír. Este tiempo siempre nos hace bien, si es que no nos burlamos de las demás personas.

Si no estamos presentes, si ningún tiempo es nuestro, atención: la vida se va yendo. Es mejor alertarnos e ir em busca de lo que nos pertenece.

A la altura de la vida en que me encuentro, veo que mis tiempos se han ido integrando, cosiendo, por decir así, hasta llegar a ser un solo tiempo.

 

 

 

 

 

 

Esta mañana reencontré mis colores

Esta mañana reencontré mis colores. Los colores uno a uno. Los colores no son propiedad particular de nadie. Son propiedad común.

Sentí y siento una alegría profunda. Más allá del mundo del pensamiento y de los conceptos, más allá por lo tanto de lo que podemos llegar a comprender sobre la realidad, está la propia realidad.

Los colores como tales y en cuanto tales. Dejar de confundir lo que pensamos con lo que es, es preciso. De ahí mi alivio al ver colores dentro de mí.

Rojo. Amarillo. Anaranjado. Verde. Azul. Celeste. Rosado. Cada color asociado con algo. Y al mismo tiempo como que trayendo la presencia de esa realidad anterior y permanente. Lo no pensado. Lo que no puede ni siquiera ser nombrado.

A menos que abramos un espacio para esta dimensión de la existencia, estaremos siempre en el mundo de lo contingente. Lo que cabe en las categorías de la percepción. Somos más que eso. Mucho más. De ahí la poesía y el arte. No se trata de negar la ciencia. No se trata de negar nada. Más bien se trata de no perdernos nada.

No perder el todo por la manía adquirida de creer que la vida cabe en palabras. Las palabras son preciosas. La palabra poética más que cualquier outra, uma vez que ella guarda y preserva aquellos ecos de lo innombrable que la hacen plena, irreductible a lo racional.

Al menos, irreductible a cierto tipo de racionalismo reduccionista, que cree que todo cabe en cajas. Las cajas son necesarias para clasificar y conocer. También para comprender. Pero hay una comprensión y una experiencia que superan lo que puede ser dicho.

Esto es lo que me fascina del arte y de la vida cotidiana. Agregan valor. No substraen ni excluyen nada. No tratan de substituir una cosa por otra. ¿Por qué es tan rica y atrayente la literatura? ¿Por qué la pintura y el dibujo suspenden el tiempo?

La primer pregunta nos trae al terreno de la reproducción de lo complejo. (La segunda remite a experiencia directa de inmersión en lo eterno). La vida diaria, la vida vivida, la vida en sí misma, es una reunión de lo diverso. Ciencia y arte lo saben y lo reproducen. Una de manera conceptual, el otro de manera integrada.

El arte supera a la ciencia ya que la integra. La ciencia supera sus límites cuando integra el arte. Una ciencia sin arte no existe. Sería mero discurso vacío. Me refiero a las ciencias sociales. A la sociología, en particular. El objetivo del conocimiento, desde mi punto de vista, no es la explicación, sino la liberación.

La felicidad. La plenitud. La comprensión de que es la vivencia plena de la multiplicidad de dimensiones humanas lo que nos realiza como personas, como humanidad. Comunidad. Familia. Solidaridad. Creatividad. Respeto a la diversidad.

Podemos vivir integradamente. Positivar esta posibilidad es el intento de estas anotaciones, que prosiguen un trayecto ya antiguo no sólo personal sino también colectivo. Generacional. Educativo. Incluyente.

Unificadamente

Ya se ha transformado casi en un lugar común llegar a este lugar diciendo que vengo como si estuviera atendiendo a una invitación. En realidad lo es. La búsqueda de sí mismo es una tarea continua.

Disponer de esta ventana al mundo es un privilegio. Un espacio de encuentro que me ayuda a constantemente prestar atención a las maneras como vivo. La prisa continua e inútil, que está implantada como si fuera natural.

No necesito estar corriendo todo el tiempo. Puedo parar. Vengo tratando de parar, como tantas personas que he escuchado en las rondas virtuales de Terapia Comunitaria Integrativa.

¨¿Adónde estábamos yendo tan apurados?¨ preguntaba el papa Francisco al comienzo de la pandemia. Yo sigo preguntándome: ¿por qué todo este apuro? ¿Es que no puedo quedarme aquí? ¿Tengo que salir a toda velocidad?

¿Tengo tantas cosas que hacer que casi no puedo prestar atención a mi estar aquí? Las personas con quienes convivo o me relaciono, el ambiente a mi alrededor, los pájaros, las flores, el cielo, el mar, la ciudad, las veredas, todo merece atención.

¿Si no estoy aquí adónde estoy? La busca de un centramiento, una presencia atenta al presente, me viene ayudando a focalizarme. Viene en mi auxilio como siempre, la atención a lo que veo en mi interior.

Una flor violeta que crece en mi jardín, y que ahora la veo con contornos no demasiado claros. La escucha a quienes están cerca. Las voces internas que me ayudan a elegir el camino justo. El amor que es el centro y el eje de la vida.

Cuando presto atención al presente me conecto. La conexión es simple y directa, no es mediada. Necesito saber que puedo estar aquí.

Esto significa que todas las dimensiones que me constituyen, así como constituyen a todo ser humano, están plenamente en acción. Lo racional y lo intuitivo.

Los deseos, los sueños, las emociones, la voluntad, las decisiones, lo imaginario. Todo este universo que recorro y unifico al escribir. Por eso es que sigo viniendo a esta página.

Este es un lugar para compartir experiencias de vida. Leo el libro de la escritora feminista Anaïs Nin (The Novel of the Future).

Un fuerte estímulo para una reconciliación con la multiplicidad y diversidad que nos constituye como seres humanos. Somos más, mucho más que esa deformación grotesca con que tratan de identificarnos desde la subcultura despersonalizante.

Arte y religión. Vida cotidiana. Son vías de rescate de nuestra totalidad. En mi libro Max Weber: ciencia y valores (Buenos Aires: ed. Homo Sapiens, 2005) presento mi lectura de una sociología involucrada con esta tarea de rehacer la unidad del vivir.