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La poesía es el revés del rebuscamiento

Bajan las letras a la hoja

Como gotas de lluvia

El tiempo se condensa en este acto simple

Todo se reúne en esta acción sencilla

Aquello que es permanente se presenta

No le busquen la vuelta a la poesía

Es el revés del rebuscamiento

Es lo que vemos cuando miramos hacia adentro

Y vemos lo que está allí desde el comienzo

Y allí permanecerá

Es una herencia indestructible

Resume todo el caminar humano

Todo lo que hemos alcanzado

Y aún lo inalcanzable

Lo que es posible

Nuestros intentos

La suma de esfuerzos que nos trajo hasta aquí

Los logros que nos sitúan en el universo

La percepción clara que nos devuelve nuestra identidad

Comunidad

Humanidad

Unidad de lo diverso

Los versos nos devuelven esto

Y aún la siembra del mañana hoy

 

 

 

 

Rumbo

No quisiera engañarme, ni inducir a nadie a engaño. Me parece que la situación en que nos encontramos como humanidad, exige claridad.

Ver con nitidez. Usar la propia historia como herramienta capaz de alumbrar nuestro camino. La mera denuncia -en mi opinión- así como los discursos y doctrinas, muchas veces oscurecen y dan falsas seguridades.

¿Qué rumbo seguir? ¿Qué hacer? Mi experiencia me dice que es más efectivo el esfuerzo concreto y concentrado en tareas definidas, que enunciados vagos que parecen decir mucho y en realidad no dicen nada.

Una vez que tenemos una noción de nuestra vocación y del trayecto recorrido para ser quien somos, nuestra historia se pone a nuestro favor.

Actuar colectivamente, comunitariamente, siempre arroja más luz que cuando creemos que aisladamente podemos alcanzar algún avance.

Esto no significa ser pasivos/as, sino actuar colaborativamente. Sumar luces. Sumar fuerza. Sumar aprendizaje. Esto es lo que creo que nos va sacando del fatalismo y nos va promoviendo a una vida más activa, feliz y conciente.

Denunciar al régimen inconstitucional e ilegítimo es necesario. Pero no es suficiente. Cada uno/a pude hacer su parte para que la democracia vuelva a Brasil.

Que haya justicia y plena vigencia de los Derechos Humanos. El espacio cotidiano, personal y familiar, comunitario, son nuestro terreno privilegiado para plantar y cosechar valores superiores capaces de dar sentido a nuestra vida.

No esperar que alguien nos salve. Basta confiar en nosotros mismos/as y hacer lo que está a nuestro alcance. Llegar a ese mínimo esencial permanente de donde nace la luz. Los cambios mínimos que nos instalen en lo eterno.

Esencialmente

El ejercicio frecuente de llegar a este espacio para compartir algunos sentimientos, experiencias, vivencias, va generando un tipo de movimento contínuo.

Esta revista vive un poco de esto. La vida que somos capaces de rescatar de la niebla de lo repetido.

En vez de permanecer presos/as a lo que tratan de imponernos desde las esferas del desgobierno instituído por el golpe de estado de 2016, o por la prensa venal, o por ese aluvión de informaciones de dudoso o nulo valor diseminado por las mal llamadas redes sociales, buscamos un espacio auténtico.

Ese es el foco de la poesía, la tarea de la literatura. Recuperar la propia visión, la visión interna. No es difícil si lo intentas. Aquello que nos estabelece en el suelo seguro de la realidad misma.

Podemos ir notando como algo nuevo brota de en medio de lo que creíamos conocido. Las palabras y las cosas se sueltan de una especie de sopor. Es que entonces estamos instalados/as en la eternidad.

La vida no es descartable. El actual desgobierno brasileño intenta a toda costa insistir en el genocidio. Desde aquí hacemos el esfuerzo contrario. La connotación positiva. La valoración de aquello que no muere.

Recuperar la vivencia esencial, esse estar aquí que nos unifica con el todo. La comunidad es el camino. Hacia allá vamos.

Por eso lo del ladrillito diario. Así se levanta una casa. Así se recupera una persona, se rescata una familia, se reconstruye un país.

Los días van pasando uno a uno

Los días van pasando uno a uno

Son tantos ya desde el principio.
Podrían componer una enciclopedia
Un diccionario.

Forman un tablero infinito
Desde donde veo todos los lados.

La vida como poesía. La poesía como forma de vida

Hoy me di cuenta de que la poesía es una manera de vivir. No voy a discurrir sobre este hecho. Me basta registrarlo. Ya lo venía intuyendo y ahora llegó la vivencia integrada.

Es un gran consuelo. Deja de haber disociación. Es vivir la unidad. Estoy en mi lugar y eso es poesía. Vivo organizadamente. Presto atención.

Lo que quisiera decir y ya lo voy diciendo nomás es que esto de la poesía como forma de vida me redime totalmente. Recuerdo los poemas que mi padre recitaba. El Si… de Kipling. El Martín Fierro.

Los poemas de que mi madre gustaba. Juana de Ibarbourou. Gabriela Mistral. Amado Nervo. Gustavo Adolfo Bécquer. Belisario Roldán. Jorge Luis Borges. Cecília Meireles. Cora Coralina. Fernando Pessoa. Violeta Parra.

La poesía es pueblo en movimiento. María, madre de Jesús. La atención a lo mínimo. Machado de Assis. Adélia Prado.

Con Graciela Maturo tuve la certeza de lo que anuncia esta anotación. La poesía es más que poemas. Es un estar en el mundo de una manera unificada.

Descansar. Mi lugar. Poesía

Leo tanto que de pronto no sé en cuál de los libros que estoy leyendo encontré una palabra que ahora resuena insistentemente en mí. Descansar. Descanso.

Aflojar esa presión insistente que contínuamente empuja hacia la acción. Hacer. Hacer. Hacer sin cesar. Está perfecto hacer. Es hermoso. Crear. Trabajar. Moverse. Ir de un lado a otro.

Sucede sin embargo que ahora al redescubir una vez más que además de hacer puedo descansar, estoy feliz. Puedo hacer o no. Puedo ir o no. Puedo hablar o callar.

Veo que hay un mecanismo compresor en actividad permanente. Yo no necesito, sin embargo, estar presionándome todo el tiempo. Eso es locura.

Puedo introducir una pausa que me permita ver si quiero o no hacer algo, sea un hacer externo o interno. No necesito responder de imediato a una pregunta que escucho. Puedo ver si hay respuesta o no.

No necesito actuar en automático todo el tiempo. Puedo nuevamente ver si es necesario o no, si quiero o no, si me gusta o no, si es o no el momento. O sea, en pocas palabras: puedo ser yo en vez de un robot.

Si descanso me alimento de la fuente de la vida, que es poesía. Poesía es más que los poemas. Es ese lugar adonde estoy cuando simplemente me permito disfrutar del mero estar vivo.

La vida es más que acción. Es también reflujo a lo eterno. Habitación en lo que que sostiene todas las cosas. Cuando descanso estoy en ese lugar eterno, en esa frecuencia.

Entonces veo que muchas veces me disgusto o no estoy bien, porque simplemente no soy yo quien está ahí. Es uno que se obliga a cumplir órdenes todo el tiempo. Yo puedo liberar a ese prisioneiro.

Sólo depende de mí si este instante es o no mío. Si es mío no hay tensión o casi no la hay. Es más un dejarme venir. Un dejarme estar. Un ir yendo. Un estar siendo.

Entonces la existencia y la convivencia dejan de ser un terreno de ataque o defensa, sumisión o imposición. Es nomás estar donde estoy, en mi lugar. Un lugar definido y preciso. Precioso.

He recorrido un largo camino para llegar hasta aquí. No tengo más apuro por nada. Y aún si algo urgente me requiriera, sólo lo podré atender si estoy en mí, tranquilamente.

Esto me tocó verificar recientemente. Un pariente en casa necesitando atención de emergencia en salud. Fue posible proveer a ese auxilio especializado activando el servicio de urgencia que lo vino a socorrer.

Dejar que la vida vaya yendo. Yo hago mi parte, y sé que el auxilio divino es permanente. Me ha tocado comprobarlo en circunstancias de riesgo extremo.

Hoy sé que la situación en que vivimos colectivamente es riesgosa. No dejo de dirigirme constantemente hacia esa luz que brilla sin cesar dentro de mi corazón y alrededor.

En ella encuentro una fuerza serena y segura que me mantiene en un estado de atención y confianza. Esa luz es lo que sostiene todo lo que existe y anima la vida en todas sus formas.

Es el Dios en que creo. Un Dios cotidiano al que aprendí a reconocer desde niño y a lo largo de la vida. Esto no me evitó tropiezos, caídas ni extravíos. Al contrario, todo eso es lo que una y otra vez me trajo al mismo lugar.