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La poesía. Los colores. El sentir.

Cuando no tengo nada que hacer, me pongo a escribir. Esto me da seguridad. Identidad. Pertenecimiento.

Rehago mis caminos. Resignifico mi historia. Esto ya lo he dicho otras veces, y lo sigo diciendo.

A fuerza de escribir sobre lo que va sucediendo, sobre lo que voy viendo y viviendo, se va abriendo un panorama.

Amplío mis horizontes. Contacto otras personas, que a veces me traen devoluciones preciosas. Esto justifica este quehacer.

Veo que esto es lo que más me junta. Y la unión se da adentro mío y a mi alrededor. Me voy cosiendo con el tiempo y con el mundo. Lo que voy aprendiendo se consolida y refuerza.

También se modifica. Algunas cosas permanecen y se profundizan. La poesía. Los colores. El sentir. La poesía es lo que casi no cambia. Es lo que forma el mundo.

Los colores son sensaciones, sentimientos, y comprensión. Por el hecho de que voy experimentando estos caminos, en busca de una vida unificada, feliz, amorosa y plena, me voy sintiendo cada vez mejor.

Se van de mí algunos sentimientos dañinos. Voy respirando mejor. Andando mejor por el mundo. Disfrutando más del estar vivo.

Terapia Comunitaria Integrativa en español

Puede ser que yo haya estado aparentemente ausente de las rondas de TCI en español de los viernes. Pero no es así. No puedo estar ausente de un lugar que se fue haciendo podría decir indispensable para mí.

Lo mismo digo de la Red Internacional de TCI en Español. Es que la vida me trajo de vuelta a Mendoza, el lugar donde nací. Y estoy viviendo días en familia. Extrañando en varios sentidos mi tierra natal. Tan rica y próspera aparentemente. Tan diferente de Joao Pessoa, donde vivo habitualmente.

Ahora la calandria canta anunciando la llegada del nuevo día. Este espacio de TCI en español se fue haciendo muy valioso para mí. No menos que las rondas en portugués, debo decir. Pero hablar de mis sentimientos entre ustedes, reverme, rever mi historia en español, tiene un sentido especial. Es mi lengua materna. De aquí vengo.

Migrante. No dejé de ser un migrante. Hay cosas que solamente supe al escucharlas en español, en rondas de TCI en español. Hay veces que las palabras desdicen lo que queremos decir. Entonces es mejor escuchar. Escucharme. Escuchar. ¿Adónde quiero llegar? Adonde estoy. Ser migrante me enseñó esto. El ir llegando.

Lo vi claramente en el texto de Adalberto Barreto, “As dores da alma dos excluidos no Brasil.” Y sigo viendo que el proceso de regreso es continuo. A menos que yo esté plenamente atento y presente, podré estar perdiendo la vida, que es sólo de ida. Por eso es que les escribo. Por eso es que escribo.

Por eso es que estoy con ustedes aun no estando. Sigo escuchando el canto de la calandria, y la luz del día ya se va mostrando en el cielo. Tengo la sensación muchas veces de estar en un mundo extraño e inaccesible, hasta cierto punto. En otros momentos me parece que con toda la tecnología y modernidad imperante, nada cambió o casi nada.

La vida sigue siendo ese lento e imperceptible ir transcurriendo. Ir pasando, como dice el poema de Jorge Luis Borges, “Arte poética.” Hay muchas cosas que aprendo con gusto y no sin cierta perplejidad. El lenguaje incluyente o inclusivo.

Les agradezco la atención y la resonancia que me brindaron en muchos momentos. Hemos construido vínculos. Pertenecimiento. He podido ver de otra manera, hechos y sentimientos que me esclavizaron en el pasado. Me encadenaban a un pasado que ni siquiera era mío.

Me toca ahora habitar un presente del que soy un visitante inesperado. Alguien que de pronto se admira de estar donde está y de ser quien es. Esto lo registré en mi libro Um terapeuta comunitário em busca de si mesmo. Es el nacer continuo. Poiesis. Les puedo asegurar que formar parte de esta red es y seguirá siendo para mí esencial. Gracias!

Una y otra vez vengo aquí a decir lo mismo o casi lo mismo

Y a fuerza de tanta insistencia

Este trabajo incesante va dando sus frutos

Vale la pena hacer el esfuerzo

Cada día un poco

Un poco más

O un poco menos.

No aflojar

Al final la cosecha es harta.

No hay ventaja en querer acortar camino

Vivir da trabajo

Es un trabajo

El vago o la vaga

Sin duda van a tratar de engañarles

Yo no me engaño

Desde el comienzo les veo la cara.

No me convencen con palabras vacías

La palabra vacía grita en mis oídos.

Hay que poner en su lugar a esa gente

Si se borran los límites del orden social

La convivencia se hace imposible.

No importa cuántos años tengas

No dejes de trabajar.

Yo sé por qué te lo digo.

Escribir y publicar

Construír un libro es como suspender el tiempo por un momento que se puede estirar por muchos días. No importa la cantidad de horas que dure este intervalo. Es como si se abriera una ventana.

Un paréntesis. Un espacio de contemplación. Una rendija. Una grieta. Una posibilidad para ver la vida y lo que existe, de otras maneras. Sin ningún apuro. Despacito.

Siempre que escribo y me pongo en esta tarea de compaginar lo que será el nuevo libro, me sumerjo en el caudal de experiencias que van componiendo la edición de cada día.

Se renueva de tal modo mi estar aquí, que todo lo vivido se presenta con todo detalle, desde el comienzo hasta los días actuales. Viene una sensación de plenitud y completamiento.

Es un espacio de acogimiento. Todos mis escritos tienen esa misma cualidad. Son lugares donde las personas pueden verse.

En medio de la fugacidad, de las incertezas y de las inevitables sensaciones de finitud, lo eterno se pone al día, como al comienzo. Todo adquiere un tono de “primera vez.”

Este proceso mío de venir a flote en letras, palabras y colores, se viene realizando en buena medida en las páginas de Consciência.

Así que les pido paciencia si es que por algunos días o por un tiempo mayor, mi presencia se hace un poco más espaciada. Seguiremos juntos y juntas de todas formas.

Algo que he ido aprendiendo es que la vida no para. Hay intervalos. Pero la vida sigue siempre, como un río de montaña. Juntar los tiempos es preciso. Para que la vida no pase, se quede.

Cada palabra que escribo es un libro

Cada palabra que escribo es un libro, una biblioteca

Un universo en sí

Los renglones y las hojas

Recogen estos viajes internos y externos, eternos

Lo único que busco al hacer esto

Al leerme en lo que escribo y en lo que voy viendo y viviendo

Es estar cada vez más entero, cada vez más aquí

Cada vez más consciente

De haber conseguido aquello que era y es para mí

Lo más valioso

Aquél tesoro que no puede ser robado

La inserción en el mundo por el amor

Esto no me libra de errores ni tropiezos

Soy humano

Trato de recordarme esto continuamente

Soy desafiado constantemente

Como toda persona viva

A cambiar en el sentido de la mejora

Un enraizamiento más constante y más entero en el vivir

Una belleza mayor en el estar aquí

Una aceptación más incondicional de mis maneras de ser

Cosas que alcanzo en buena medida

Mediante la escucha atenta y activa

La apertura a las demás personas

Y el río que corre, corre sin parar

Y me lleva al mar que es todo.

Los libros me guardan

Y me guardo en los libros.

La mirada poética, una forma sostenible de acercarse a la realidad

Por Marcos Díez*

Comunicar los ODS no es algo sencillo por dos motivos fundamentales.

En primer lugar, estamos acostumbrados a escuchar mensajes muy parecidos. Esto provoca un efecto similar al que se produce cuando alguien vive cerca de una carretera: los coches están ahí pero ya no se escuchan.

Por otra parte, la mente humana no da categoría de realidad a aquello que no se experimenta en la propia carne. Sabemos que las cosas que nos cuentan son verdad pero nuestro pensamiento procesa esa información como si fueran ficciones y eso dificulta que las personas se movilicen y actúen.

Esto, en el caso práctico de los ODS, tiene dos consecuencias:

1) Los ODS se gritan a los cuatro vientos pero poca gente los escucha (porque los ODS son un vehículo más dentro de una carretera que ya está saturada);

2) entre quienes sí escuchan los ODS la información es procesada como una ficción (aunque sepan que es verdad).

¿Cómo puede ayudar la poesía a comunicar los ODS? El lenguaje poético, tan inútil, tan para nada, sirve para mirar y narrar de una manera distinta la realidad y, por eso, la poesía, tan alejada de la utilidad, puede acabar siendo la forma más poderosa de ver, de imaginar y de contar.

*Poeta y periodista. Autor de los libros de poemas  Desguace (Visor, 2018) Combustión (Visor, 2014) y Puntos de apoyo (La grúa de piedra, 2011). Ha publicado también el libro de cuentos Desdoblados (Valnera, 2012) y El Festín (Valnera, 2017), un libro de artículos de corte reflexivo publicados en eldiario.es Cantabria. Ha sido galardonado con el premio internacional de poesía Hermanos Argensola, el premio de poesía Ciudad de Burgos, el premio de poesía Ciudad de Alcalá y el premio José Hierro de Poesía. Dirige desde 2011 la Fundación Santander Creativa.

Fuente: Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano

(22-05-2018)