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La fuerza de la palabra

Por Felipe Puerta Jaramillo*

Hoy te vengo a contar
Que la vida es una rueda
Rueda

Hoy te vengo a invitar
A que entres en la rueda
Rueda

Que la palabra
Te de la fuerza
Y que te acoja
De corazón (Bis)

Letra: Felipe Puerta, 24-10-2021
Música e Interpretación: Elena Montufar, 18-01-2022

Link para acceder a la canción “La Fuerza de la Palabra”:
https://drive.google.com/file/d/1kdFBmMJi-8jeBziFrZCMxUKD7PkyEqub/view?usp=sharing


* El autor es colombiano, Psicólogo de la Universidad Católica del Oriente (UCO), Magister en Intervenciones Psicosociales (FUNLAM), Formación básica en Terapia Gestalt “Introducción al abordaje Holístico de la Salud” (Casa Gestáltica de la Salud; Buenos Aires, Argentina), Formación en Terapia Comunitaria Integrativa (Polo Formador MUYUMPA, de Ecuador), Miembro asociado de ABRATECOM, Miembro de la Red internacional de TCI en Español (Integrante del grupo de Comunicaciones), Fundador de la Red y el Directorio de TCI-Colombia.

El tesoro existe

Los días van pasando uno tras otro, como las cuentas de un collar. En el medio, mis pasos en esta o aquella dirección.

Buscando el sol. El amor. La canción. Todo lo que trae alegría a la vida.

Sigo en ese mismo intento, día tras día. Sé que no estoy solo, y esto me anima.

Recupero la noción total de mi vida. Desde el comienzo hasta este instante. Un color, anaranjado y amarillo.

Después rojo. Celeste, azul, hasta formar un arco-iris. Rosado, verde claro. El sueño es real. El tesoro existe. Está en mi interior.

Creo que debe ser así con cada persona que se quiera, que se abrace de verdad, que se perdone, que se sepa humana. No hago generalizaciones.

Vivo mi vida, entretejida con quienes me componen por dentro y alrededor. No es poca gente. Me veo en ese espejo.

Respiro y sigo. ¡Hasta mañana! ¡Quien sabe hasta pasado mañana! ¡Hasta el año que viene!

Una sola cosa

Creo que lo que más he buscado en mi vida es la unidad. Ser una sola cosa. Ser yo mismo. El hecho de que haya vivido en circunstancias en que las presiones empujaban hacia un abandono de mi propia identidad en favor de una adaptación a lo impuesto (la vida en la sociedad capitalista es esto) me llevó desde pequeño a crear mecanismos de sobrevivencia. El arte, la poesía, la pintura, el dibujo, el juego, la risa, el deporte, la amistad, la fe, el amor, todo era un recurso para poder seguir respirando.

No es muy diferente lo que se me presenta hoy. El confinamiento impuesto por la pandemia ha recreado situaciones de limitación de la libertad. Disminución de contactos sociales físicos. El miedo a la muerte, el hecho de que haya que mantener distancia, no saber si esa persona que está ahí podría ser alguien cuyo contacto me costara la vida. Todo trajo de vuelta aquello mismo que en el pasado, en más de una ocasión, se me presentó como obligatorio. Había que crear alternativas. Desarrollar recursos que hiceran posible la continuidad de la vida.

Los contactos virtuales son actualmente la posibilidad predominante de encuentro con otras personas. Estamos aprendiendo a valorar positivamente esos momentos en que personas queridas y otras que vamos conociendo, están con nosotros/as en la pantalla de un computador, en un aplicativo, etc. Falta el toque físico, el abrazo. Está presente todo lo demás, todas nuestras otras posibilidades y capacidades están vigentes. La memoria, el sentimiento, el afecto, la vinculación, la decisión, la imaginación, la voluntad, el deseo, el placer o disgusto, etc.

Valorar positivamente esta realidad que es impuesta y al mismo tiempo elegida permite poner a nuestro favor lo que se presenta. No sabemos cuánto irá a durar el confinamiento y demás medidas de cuidado que la pandemia impone. La vida sigue siendo básicamente un transcurrir de tiempo que se desliza día a día hacia un final que tampoco elegimos. La muerte no es una decisón personal, una elección. Podemos elegir cómo vivimos. Qué hacemos con este instante que en seguida habrá pasado.

Ver lo que estoy aprendiendo con esta nueva realidad me lleva a prestar atención al hecho de que ahora veo con más frecuencia a mis seres queridos y demás personas significativas de mi comunidad. Los contatos son más frecuentes y también más intensos. Hay más centramiento, más foco, más integración de perspectivas y dimensiones existenciales que antiguamente talvez estuvieran más disgregadas. El encuentro con uno(a) mismo(a) ahora se impone, no es más una opción. Hay menos alternativas de escape hacia lo fútil, lo desconexo.

El presente se presenta como el lugar propio de la vida. Menos proyección hacia lo que podrá ser o no ser. Lo que tenemos es la posibilidad de seguir respirando, seguir disfrutando y responsabilizándonos por este tejido tenue de que estamos hechos(as) y que contiene todo y abarca todo. Seguir construyendo minuto a minuto una vida que valga la pena. Proyectar qué es lo que quiero ver cambiado en mí y en mi familia, en mi comunidad, después del confinamiento y la pandemia.

La eternidad vino a nuestro encuentro. Lo cotidiano, la vida doméstica, mi propia persona, mi familia, mis amistades, aquellas atividades y actitudes que le dan sentido a mi existir, ahora están en primer plano. No puedo dejar de ver como esta situación que tiene mucho de penoso, contiene sin embargo al mismo tiempo, una potencia fortísima en dirección a una vida más plena, feliz, auténtica, verdadera. El pasado va y viene. Pasa y viene a decirme que lo que aprendí en mis primeiros años de vida, en mi juventud y después, está floreciendo.

El autoritarismo y el capitalismo como cultura del uso y descarte siguen siendo las principales amenazas a la vida. El desafío sigue siendo el mismo. Poner a nuestro favor aquello que nos quiere destruír. Cuando no hay alternativas el parto es inevitable. ¿Quién no recuerda situaciones en que tuvo que seguir adelante a toda costa, ya que desistir hubiera significado la muerte, el desvanecimento en la nada? La muerte no puede ser evitada a no ser con los recursos de la fe y el amor, que nos inmortalizan.

No he querido aquí hacer otra cosa que poner en la hoja algo de lo que vengo aprendiendo. El arte sigue siendo para mí cada vez mas la herramienta por excelencia para transformar todo a mi favor. El arte me sigue enseñando que la opresión no puede destruírme, al contrario, me lleva a poner en juego lo mejor de mí para aliarme con quienes también resisten. Descubro que a lo largo de mi trayectoria de vida cada vez más me he ido volcando hacia la única persona de la cual necesito ser amigo: yo mismo.

Es de mí mismo que necesito el cariño y el reconocimiento. Seguiría escribiendo hasta que nazca el día. Escribir se me ha hecho tan necesario como el respirar. Aquí me renuevo y me reúno. Recojo lo que voy recibiendo de la gente que me rodea y me compone. Siento el piso firme bajo mis pies. No sé qué aprecio podrán encontrar estas anotaciones en quien las pueda leer. Apenas he querido atender a una necesidad antigua y actual, de seguir en contacto. Cada vez más entero. Más yo mismo.

 

Camino

He llegado hasta aquí

Estoy centrado en mi propio proyecto de vida

Conseguí más de lo que hubiera esperado alcanzar

Puedo permitirme y me permito ser feliz y disfrutar

Mirar el camino recorrido y saber que valió la pena punto por punto

Mi libro que me contiene

El amor que me alimenta

Soy todo eso y aún más

Juego como cuando era niño y sigo siéndolo

Porque solamente así como niño

Es que puedo jugar a escribir y publicar sin ansiedad ni apuro

Sabiendo sintiendo que las palabras y los colores son una dirección a seguir

Una montaña a alcanzar que está debajo de mis pies.

La memoria no es aleatoria

Voy hacia mis recuerdos.