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“A única anormalidade é a incapacidade de amar” (Anaïs Nin)

Duas frases. Duas imagens. É o suficiente. Encontrei Anaïs Nin em 1984: “Em busca de um homem sensível”. Agora retorno à escritora, em busca de algo que ela deixou aceso em mim.

Naquela época eu era professor na Escola de Sociologia e Politica de São Paulo. Lembro como se fosse agora. Ganhei o livro de presente de um meu aluno de então. Eram cursos noturnos.  Eu saía da casa onde morava no Brooklyn Velho, e lá começava este encontro. Encontro com gente que foi me fazendo gente. Risadas, sonhos, utopias.

Vinha eu de novo para a vida. Poesia é isto. Nascença. Nascer de novo, a toda hora. Assim reencontrei-me na arte. A arte de viver, tão necessária. Mas não fadigarei a quem esteja lendo. Quando a escritora diz que a única anormalidade é não amar, assino embaixo. Pode ser doído, doer amar. Mas não amar é não ser. É não ter-se tornado gente.

O Brasil está diante de uma encruzilhada, como então. Em 1984 era o processo de mobilização que acompanhou o fim do regime autoritário. Hoje é o fim de um outro regime direi mais do que autoritário, desumano.

Frases e sentimentos mobilizam. Uma palavra mobiliza, se for vivida. No diálogo com as minhas alunas e alunos, fui me inserindo em diversas linguagens, diversos mundos. Desfazendo o pretenso monopólio do saber acadêmico. Daí agora partilhar esta outra reflexão da autora, sobre o escrever. A ver se derrotamos o analfabetismo de vez.

¿Qué revolución?

Llueve. ¿Qué quiero? Saber qué quiero. Sentirme bien. Voy limpiando mi interior. Sacando lo que no sirve, lo que no es mío. La basura a la basura. Espero que pase la lluvia para salir.

Mientras tanto, ando por las veredas internas. Escucho “Despacito,” de Luis Fonsi. Trato de descomprimir. Pocas obligaciones. Cosas de casa. Trato de hacerlas divirtiéndome.

O al menos sin sufrimiento. ¿Qué revolución? La lluvia llama a un recogimiento. Veo lo que fueron y son mis caminos. Sentir. Siento mucho. No en el sentido de una disculpa.

Escucho Pink cantando “What´s up”. Las letras van bajando a la hoja. La lluvia hace un espacio. Un intervalo. Escucho a la gente, no sólo con los oídos, sino con el corazón.

La canción me llega con todo. Cómo se puede hablar de dilemas, aún de problemas, sin envenenarnos. Esa es mi revolución. Así eran Los Beatles. Revolución. ¿Qué revolución? Amar. Amor.

Reír. Mi río interior, que legué a pensar fuera una debilidad o defecto, es una virtud. Es mi fuerza. Escucho Katy Perry: “Roar.” Así se va yendo la mañana. Algo de sol me dice que es hora de salir.

Siempre fui de jugar. No caía bien a cierta gente “seria.” Pero sigo jugando. No habría llegado hasta aquí sin jugar. Desactivar el mecanismo interior de la violencia. No necesito salir armado a la calle.

Puedo simplemente ir. Recuerdo cómo cuando vivía en Mendoza, la música era un correo directo. El aire y el sonido nos unían.

La lluvia y el sol me trajeron de vuelta. Rain. Así que ahora ya les puedo dejar. ¡Hasta mañana!

Cuando escribo me hago presente

Cuando escribo me hago presente

Me hago presente de maneras diferentes

No es siempre de la misma manera

Siempre igual.  iNo, no, no, no!

Debe ser por eso que escribo

Es como ir poniendo baldositas

Y construyendo paredes

Y haciendo caminos

Y levantando montañas

Y dejando ríos correr hacia el mar

Pintando cielos que respiro

Leyendo libros que me reflejan

Me refuerzan

Me constituyen

Me expanden

Leo y escribo y pinto y camino

Y amo y voy de un lado a otro

Y me maravilla andar sobre la tierra

Y ver que basta querer ir a algún lugar y voy

(Es como si lo más elemental y básico

Lo más simple y primero

Estuviera otra vez sorprendiéndome)

Recomienzo

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Se eu amar, morrer será um voltar.