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¡Qué lejos que quedó Mendoza!

Tuve que quedarme lejos de mi tierra, hacer mía otra tierra sin nunca dejarla. Tuve que ampliar mi mundo cuando alrededor la vida se ponía difícil.

Muchas veces me viene una añoranza, una especie de tristeza. También rabia y bronca y asco, por lo que cayó sobre Mendoza, sobre Argentina, desde la oscuridad de la bajeza y la abominación.

La violencia institucionalizada del estado y de la dominación clasista. No pudieron matar, sin embargo, aquello que no muere. Vuelve como en ondas la alegría, la esperanza, la confianza.

La indestructibilidad del impulso al amor y la fe. Una fe que no es instituciones ni dogmas. Esa fe que es calle y bordes. Esto renace en todas partes.

Puse el pie en una escalera que llevaba a la muerte y salí ileso. Hoy puedo elegir. También ayer pude hacerlo. Como ayer, elijo lo mismo. Adelante.

No hago discursos, ni para mí mismo. No necesito convencerme de nada. Sólo comprender. Pagamos el precio por nuestras elecciones, bien como por las omisiones, que también son una elección.

El tiempo pasó. Salió el sol. Siempre sale el sol. Esto es lo que no pueden cancelar los enemigos o enemigas de la vida.

La vida da vueltas y se esconde cuando es preciso, y siempre vuelve. Vuelve reforzada y redimida. Está siempre volviendo.

Por Rolando Lazarte

Escritor e sociólogo. Terapeuta Comunitário. Professor aposentado da UFPB. Membro do MISC-PB Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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