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Leer

Hoy retomé la lectura de La caída de la Casa de Usher, al caer de la tarde, ya entrando en la noche. Como siempre, me fui dejando llevar por la lectura, como quien sigue un viejo trayecto ya conocido. Desde la primera línea, el cuento de Edgar Allan Poe me fascina, desde la primera vez que lo leí, y lo sigue haciendo.

Hoy ya era tarde cuando empecé la lectura una vez más. Le llegada de las primeras impresiones del personaje que va llegando a la vieja Casa de Usher, sus sensaciones, la asociación entre espacio y sentimientos que hace ya en las primeras líneas, me fueron llevando de a poco a ese mismo lugar a que llego cuando leo, no importa cuántas veces, esta narración de Edgar Allan Poe.

La mirada que descubre el estado ruinoso de la mansión, el reflejo del rostro en el algo que la rodea, el pasaje furtivo del médico de familia, el recuerdo de la antigua amistad de infancia que uniera al jinete con el dueño de casa, Roderick Usher, su descripción del rostro del hombre enfermo, último descendiente de la familia, no dejan de darme una sensación de novedad al mismo tiempo que de familiaridad. Es como volver al mismo lugar, pero de otro modo.

Ya la acumulación de instrumentos musicales y de libros, las tapicerías colgando de los techos, los vitrales y las luces que por ellos atravesaba, me llevaron a cuentos de Howard Phillips Lovecraft, discípulo y admirador de Poe. Era como si al mismo tiempo estuviera en dos lugares, las ciudades arcaicas de origen extraterrestre narradas en el Necronomicon de Abdul Alhazred, en la narrativa lovecraftiana, y la casa de Usher, en el cuento de Poe.

Así la tarde se fue yendo, como las primeras páginas de la lectura y la noche llegando, y en ese ínterin, un libro de Cronin me llamó a bajarlo del estante de la biblioteca: El farol del Norte, donde se narra la epopeya de un diario inglés en lucha por subsitir frente a las ofertas de compra por parte de un monopolio de la comunicación. No importa cuál sea el libro de Cronin que lea, o que recuerde, vuelvo a los mismo lugares, pero de modos diferentes.

Los mundos se van expandiendo. Es como un dominó o un rompecabezas infinito que se va expandiendo en todas direcciones, uniendo todos los tiempos de mi vida en un tejido contínuo. Por eso leo, o recuerdo los libros que leí, o imagino otros.

Una extraña mujer, El médico nativo, Encuentro de amor, Por os caminos de mi vida, Noches de vigilia, Ciudadela, se juntan con los romances de Graciliano Ramos, Vidas Secas, Angustia, San Bernardo, los libros de sociología que leí, libros que otras personas leyeron y me comentaron, los libros que mi madre amaba, los que mi padre citaba, forman todos una tela continua, infinita, que me lleva y me trae al ritmo de la respiración, pulsar cósmico. Por eso leo.

Por Rolando Lazarte

Escritor e sociólogo. Terapeuta Comunitário. Professor aposentado da UFPB. Membro do MISC-PB Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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