Mi lugar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acabo de levantarme, y después de la oración y los ejercicios, y la nube de pensamientos y sentimientos que vienen como que desde el ayer, desde atrás de una pared de vidrio, me pongo a escribir para decir que mi lugar es este, es una línea de cuadraditos blancos que bajan como en columna, y unos también blancos que van hacia os lados, en algunos lugares. El fondo es negro. Es un crucigrama. Las palabras cruzadas. Cuando pienso en mi lugar, este lugar físico que veo y siento, me viene una paz muy grande. Me aquieto. Es como si quedaran del lado de allá, definitivamente afuera, los miedos, las preocupaciones, lo que no es esta paz y esta quietud, este estar en mi lugar. Quisiera vivir siempre aquí, en esta hilera de cuadrados blancos que bajan y se extienden a los lados, sobre un fondo negro, en este crucigrama. A veces pienso qué palabra será la que está en la hilera blanca grande delante mío, y cuales a los costados, cruzándose con ella.

Tal vez sepa que es mi nombre, tal vez sea éste un saber silencioso, no explícito o no dicho, ese saber quieto de que somos capaces, cuando estamos donde debemos estar, cuando la sintonía es perfecta, tan tenue, tan frágil y sólida a la vez. Hoy pensaba, en esta hora primera del día, que a lo mejor a uno le cuesta estar en su lugar o encontrar su lugar, porque creyó que era otro que no era éste. Era alguno que nos habían enseñado, desconsiderando lo propio y super valorizando lo ajeno, lo que viene de afuera. Es el proceso de enajenación, de olvido de sí, pero puede ser revertido, la prueba está en que después de tantos años de no estar en mí, voy estando cada vez más en ese único lugar de donde ninguno de nosotros puede faltar: uno mismo, el propio lugar. Miro las palabras cruzadas, la columna blanca bajando, las que la cruzan también blancas, el fondo negro. Me viene una paz, una quietud. Es como si todo fuera esto, estar en mi lugar,  ser esa columna de cuadraditos blancos sobre un  fondo negro. Recuerdo las risas de ayer, lo visto ayer, lo vivido ayer, como desde detrás de un vidrio.

Ahora brilla el sol, la luz  ya empieza a brillar en las paredes de las casas de enfrente y los pájaros ya están cantando. Trataré de no salir de mi lugar, ahora que lo he encontrado, ahora que estoy aquí. Pido en mi corazón a mi Dios y a los seres que me acompañan, que este propósito se cumpla, que no salga de mi lugar por nada. Aquí soy invencible, aquí tengo conmigo toda la fuerza del amor y de la paz. Veo mi vida en retrospectiva, desde el comienzo, la montaña, la casa de Leonidas Aguirre y la del carril Sarmiento, toda mi vida llega hasta aquí, hasta este lugar donde estoy ahora, es esto, soy invencible en mi lugar. Tal vez sea eso lo que la oración dice: Una cosa pedí al Señor y la buscaré, que pueda habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Su rostro e inquirir en su santuario.

Por Rolando Lazarte

Sociólogo e escritor. Terapeuta Comunitário. Professor aposentado da UFPB. Membro do MISC-PB Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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