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Las palabras y las cosas

Hoy me levanté antes de las cuatro de la matina. La cantidad de cosas que me pasó por el pensamiento desde aquella hora es infinita. Una de ellas, los lugares de Poe y Lovecraft, Borges y Graciliano Ramos, en la literatura. Mejor dicho: los lugares que Poe crea en La caída de la casa de Usher, Lovecraft en La tumba, Borges en Límites y Graciliano Ramos en Angústia. No sé si a toros/as lectores/as les asará lo mismo, pero cuando releo estas obras o las recuerdo, vuelvo siempre y siempre a los mismos lugares que ya visité o donde ya estuve al leerlas por primera vez, con una pequeña y breve excepción: El cuento La tumba, de Lovecraft, que releo en una nueva traducción que me cayó a las manos esta semana, me lleva al mismo lugar pero no del mismo modo, no de la misma manera, no al mismo lugar, en realidad. La excepción debería llamarnos más la atención que lo repetido, y así es. No me interesa explicar el por qué de esa variación, pero sí anotar su ocurrencia. Pensaba en las facultades humanas de la percepción, la atención, la observación, la memoria, el afecto o la afectividad, la imaginación, la intuición, y la intención, entre otras.

Cómo el ser humano es una construcción compleja, maravillosa, que sabe que va a morir, cuya realidad transcurre del lado de acá de esa finitud, en el espacio determinado de un tiempo definido.

He publicado en El Ortiba algunos de mis mejores relatos. Esta es una afirmación dificultosa, pues un autor nunca sabe en verdad, o sabe, cuáles son sus mejores escritos. Me refiero, en particular, a Buen día Argentina, y otros que llevan fechas como 1976/1977-2009, creo.

Son textos que, como La maravilla de estar vivo, expresan la sorpresa, el asombro, la admiración, con ese hecho monumental de que estás ahí leyendo, respirando, sintiendo, pensando, mientras esperás algo que va a pasar o recordás algo que ha pasado, o te preparás para ir al trabajo o a la cama o a tu casa o no sé adonde más, solo tu lo sabes. Te estarás preguntando adónde quiero llegar.

No todo puede expresarse en palabras, a veces hay cosas, y los textos de Poe citados, así como algunos de Lovecraft y Borges y Graciliano Ramos, bordean esa situación. Hay realidades que no pueden expresarse con las palabras conocidas, James Joyce y Guimarães Rosa, el autor de Grande Sertão Veredas, partieron para la creación de nuevas palabras, neologismos, talvez se diga. Poe y Lovecraft, el primero en Ligeia, como ya dije, y el segundo en varios de sus relatos de horror sobrenatural, como Los mitos de Cthulhu y En las montañas de la locura (At the mountains of madness), pero también en El color que cayó del cielo (The color out of space), consiguen llevarnos a mundos nuevos y desconocidos hasta entonces, en una tentativa exitosa por arrancarnos de la finitud en que la vida humana transcurre, aprisionada frecuentemente en los límites de un cotidiano estrecho y estrechante, constreñido por la falta de creatividad que nos impide crear palabras nuevas para cosas nuevas. Buen día, no sé si me explico.

Por Rolando Lazarte

Escritor e sociólogo. Terapeuta Comunitário. Professor aposentado da UFPB. Membro do MISC-PB Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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