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La construcción de un yo comunitario a través de la poesía y la literatura

escribirIntroducción

La poesía y la literatura permiten que la persona vaya unificándose con el mundo alrededor, y también con su mundo interno. En este trabajo de integración poético-literaria, vamos disolviendo las barreras separativas constituidas por los prejuicios, los ideologismos, las diferencias de clase, de edad, de religión, de todas las clases. Es un medio al alcance de cualquier persona, una vez que lo poético y lo literario no dependen exclusivamente del dominio de la lectura y escritura formales, ya que, como Paulo Freire enseñó y sabemos, todos somos lectores del mundo. Todos somos constructores del mundo en que vivimos, sin distinción. Estos textos que se ofrecen a continuación, son reflejos de esta búsqueda, de esta eterna tentativa de fusión con el todo del que somos parte.

Poesía

Hay unos días en que estás como de visita, como si no estuvieras. Estás, no estando. Es una sensación que te sorprende, pues es un modo diferente de estar, como si estuvieras desapegado o despegado. Las palabras vienen como con dificultad. No te pasa nada malo, es como si la realidad se hubiera adelgazado, como si estuviera más fina la pared que separa el dentro del fuera, el yo de lo otro, de los otros, de lo que hay afuera. Son sensaciones interesantes, pues ellas son como que la puerta de la poesía. Justamente hoy leías sobre la poesía como pensamiento auroral. Sobre el poeta y la eternidad. Te despegas de las cosas. Estás como de visitante. Es como si te fuera posible, en este día de mayo que llega ya casi a su fin, como si te fuera posible, digo, en este momento en que escribes estas cosas, ser algo así como un habitante silencioso, alguien que no hace ruido.

Oyes los sonidos del mundo, un perro allá a lo lejos, el ruido de las teclas al escribir, algún otro sonido de auto o de vecinos. Pero ni la bocina ni una voz, son otra cosa que parte de ti mismo, este mismo que ahora mismo dice lo mismo que sin saberlo o sabiendo, tantos ya habrán dicho en otros momentos. Eso es lo lindo de la poesía. Aquí no hay propiedad privada, no existe la privatización, el exclusivismo. Es una tierra de todos, sin alambrados. Y las cosas no son por casualidad. Leías Saramago estos días atrás. Cortázar antes. Borges, Fernando Pessoa. Se va adelgazando la pared que separa el adentro y el afuera.

El capitalismo es un sistema muy odioso, condena a la gente a ser siempre lo mismo, excluido o explotador. No te deja opciones. La poesía abre caminos, rompe las barreras, llega a un mundo, es un mundo sin murallas, sin guardas, sin bombas ni generales. Yo estoy convencido que como seres humanos, estamos destinados a ser como dioses, como decía Jesús. Y no te atajes que no es propaganda religiosa. Podemos vivir en ese mundo sin angustias, sin preocupaciones. Todos pueden ser habitantes de esas regiones crepusculares. Todos han nacido, todos han vencido batallas para llegar hasta aquí. Todos morirán un día, moriremos.

Pero no te mueras antes de tiempo. Y de esto es tal vez de lo que se trate: de no morir antes de tiempo. Puedes ir adelgazando la muralla que te separaba del mundo, de los demás, de vos mismo. Como en The Wall, de Pink Floyd. Puedes ir tornándote más y más leve, hasta que una gota de agua y tú, el cielo de la tarde y tú, ya no sean tan diferentes, ya no sean diferentes en absoluto. Esto es posible. Puedes intentarlo. Basta poetizar, dejarte poetizar por la poesía. La vida es poesía. No es tan difícil. Puedes intentarlo. Vas a encontrar compañías valiosísimas, seres queridos que siempre están contigo, seres del pasado que se hacen presentes en sus libros, en sus poemas, en su presencia, en sus oraciones. En este entretejido en que tú y yo, el otro y los otros, lo otro, lo que está allá y lo que está aquí, son una sola cosa. Poesía.

Literariamente

A veces me gustaría escribir algo, pero no sé qué. Escribir me despega de esto, de este lado de la realidad, que a veces es tan poco acogedor. Cuando escribo me voy yendo al otro lado de la hoja, atravieso muy tranquilamente el campo de lo que se tiene comúnmente como el mundo real, y me voy a un mundo no menos real, tal vez más real, por ser más amplio, sin fronteras, sin ideologismos separatistas. Ahora, a la tarde, estaba en la sala viendo una película en la televisión, con Meg Ryan en el papel de manager de un boxeador negro. De pronto me sentí tan despreocupado, sin la presión enfermante de las obligaciones, sin la presión de los “tenés que”. Tenés que comer esto que te va a hacer bien. Tenés que caminar para estar sano. Tenés que sociabilizarte. Tenés que trabajar. Tenés que orar. No tengo que nada. Puedo orar si quiero, o caminar si quiero, o si tengo que comprar el pan o hacer alguna diligencia por ahí.

Pero la vida no es una obligación. Es más bien gratuidad, me parece. Por lo menos, me hace bien pensar que puede llegar a ser más bien gratuidad. Y allí es que viene lo de escribir. Escribir o leer con esa actitud del niño que se tira al río para ver a donde el agua lo va a llevar. Estoy leyendo El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Y sólo el saber que esas páginas donde he encontrado unas pinturas sobre la vejez, el professor Juvenal Urbino y Fermina Daza, Florentino Ariza y Leona Cassiani, ya me alegro. Me alegran tantas cosas. De pronto sentir que la programación culpabilizadora, el dictador interno, están como de partida. Hay horas en que ese mundo literario, esa esfera de la realidad a la que me he ido yendo hace ya tanto tempo, está como cada vez más acogiéndome, cada vez más diciéndome: sí, vení, aquí hay un lugar para vos, este es tu lugar.

Integración literaria

La literatura trae al mundo más cerca. No sé si esto te podrá resultar claro, porque tal vez hayas contraído el hábito de pensar que la literatura, al contrario, es una especie de evasión, de fuga. Cuando yo digo que la literatura trae al mundo más para acá, más cerca, estoy diciendo algo muy preciso. Cuando estoy andando por la calle o viendo televisión o andando por la sala o almorzando, mi experiencia de todo eso, de andar por la calle, ver televisión o andar por la sala o almorzando, no se restringe a esos hechos puntuales. Se integra en un mundo más vasto, más rico, de experiencias y visiones de mundo que se adquieren con la literatura.

Ya no tengo solamente mi experiencia personal, mis recuerdos, mis puntos de vista, mis maneras de pensar, sino un acervo mucho mayor, hecho de las impresiones que me han ido dejando los libros que leí, las historias que se han integrado a mi memoria, los cuentos y relatos, en que la vida fue perdiendo mucho de su extrañeza y distanciamiento, fue haciéndose más próxima, más mía. Cuando veo una escena en la televisión con salones con cuadros y cortinados, candelabros y mesas antiguas, me acuerdo de La caída de la casa Usher de Egar Allan Poe. Borges, Cortázar, Graciliano Ramos, Lya Luft, Martha Medeiros, han ampliado el caudal de percepciones de que se compone mi captación del mundo. Ya no veo solo lo que está ahí pero tan lejos, tan distante, como antes, después de la infancia, después de la pérdida de la inocencia. Ahora veo lo que está ahí, escucho el canto de los pájaros y me acuerdo de Fray Luis de León, Vida retirada. Ando por las veredas del barrio y me acuerdo de tantas otras veredas, ya caminadas, de tantas ciudades, en tantas épocas tan diferentes de mi vida, que me parece que la vida toda se ha ido compactando, haciéndose una única narrativa que me contiene por completo.

Autopoiesis 1

Es muy interesante el mundo del escritor, o los mundos del escritor, ya que no es uno solo sino varios. Creo que antes que nada, es una forma especial de estar en la vida, de prestar atención a lo que ocurre. Se me ocurre que es en parte como que para vos, escritor, el mundo es el del papel, el de la hoja, el de la narrativa, el que creás al escribir, y no ese que está allí, el de la gente y las cosas, la naturaleza, lo que ocurre. Es ese y es el otro, son dos mundos en conflicto o en recíproca interacción. El relato crea el mundo, lo que escribes crea la vida que vives.

Con el pasar de mi tiempo, desde mi primer poema, llamado “El manantial,” escrito cuando niño, hasta esto que te escribo, es autopoiesis, te vas pariendo a vos mismo, habitás en un mundo propio, creado por vos. Esto es fascinante, pues vivís como una vida creada por vos mismo, no la vida padrón, si es que esto existe, y sí una vida hecha por vos mismo, como un caracol, una araña, alguien que construye los hilos de su propio existir. Escribir es muchas cosas, pero sobre todo, es ser uno mismo. Escribir es muchas cosas, y seguirá siendo cosas más, pero sobre todo, es esa fascinante aventura de estar en el mundo prestando atención, construyendo el relato del mundo en que vives y vivirás.

Autopoiesis 2

Hay días en que te levantas sintiendo que una posibilidad está abierta. Es como si la literatura te hubiera incluido finalmente en su mundo, como si finalmente fueras un personaje literario. Ya muchas veces has tenido esta sensación, te sientes allí, en las páginas de un libro que alguien escribió, un libro que está allí escrito y tú andando en sus páginas, cosiendo tus historias con las historias de los otros personajes. Cuántas veces desde que comenzaron tus días, te has sentido en las páginas de un libro.

Una sensación de alivio, de liberación de un mundo tan chato, tan aprisionado en sus propias superficialidades. Aquí puedes ser y eres todo lo que quieres. El hombre proteico. No hay culpa, no harás nada que te dañe ni que le haga mal a nadie. Simplemente te dejas llevar por las montañas nevadas, los ríos cantantes que bajan desde lo alto de la cordillera, las flores que exhalan sus perfumes. Existencia poética. Todos pueden vivir en su propio mundo poético, si lo deciden, si creen que es posible. Creas tu mundo. Autopoiesis.

Ubicarse

Uno empieza a poner letras en la hoja y el mundo empieza a ordenarse, uno empieza a ordenarse. Es algo muy notable esto: que una operación tan simple tenga un resultado tan efectivo. Recién nomás, o más bien, buena parte de la tarde, la pasé en un estado indefinido, una especie de incomodidad. Ahora ya ha caído la noche, y aquello que estaba en mi alma comienza a desaguar. Es como si la hoja fuera el mar adonde todo viene a dar. La vida me resulta indescifrable. No sé si para alguien es comprensible o explicable, pero para mí la mayor parte del tiempo, es algo que escapa por completo a mi comprensión.

Pasó el día, la caminata de mañana por la playa, el despertar, la gente en las veredas, los trámites en la universidad, el almuerzo en casa, la siesta. El embotellamiento en la avenida Epitácio Pessoa, a la vuelta del taller. La compra de las almohadas. Los pensamientos vagando, como sin encontrar un lugar. Un lugar, es eso. Uno de los pensamientos de mañana, y de estos días pasados, y de ya tanto tiempo atrás, es lo del lugar. El lugar de la vida. Mi lugar. El lugar de todas las cosas. Como si todo fuera un juego que se arma y se desarma, constantemente. Y uno una parte de ese juego, una pieza de una especie de ajedrez infinito. A veces dan ganas de llorar, un apretón en el pecho, tantas cosas pasadas, no todas buenas. Pero del dolor brotan flores. Esto es en la vida de todas las personas. La oración, la comunión con Dios o en Dios. La eterna búsqueda de Dios, ese enigma sin tamaño. Quisiera al poner la última letra en esta hoja, estar en paz, en mi lugar, finalmente.

Conclusiones

La literatura y la poesía ofrecen la posibilidad de que la persona recupere su dimensión colectiva, su dimensión social, comunal, comunitaria. En las narrativas literarias, podemos redescubrirnos en aspectos de nuestro ser que escapan a la atención cotidiana, frecuentemente obstruída por el objetivismo dominante en la cultura occidental. Vemos el mundo externo y el interno, de maneras nuevas, renovadas. Nuestra conciencia infantil, ese estado perceptivo puro con que todo ser humano comienza su vida, y en el cual reside el potencial activable de la unidad con Dios, de la comunión con todo lo que existe, puede ser reencontado en la literatura y en la poesía. El encuentro con los textos literarios y poéticos ofrece esta posibilidad.

En la medida en que en ellos existe lo que es gratuito, lo que viene pasando de generación en generación, desde distintas culturas y países, la persona puede irse redescubriendo más allá de los prejuicios, más allá de las ideologías, de las diferencias de clase, y, sobre todo, más allá de la fragmentación que el capitalismo impone -o trata de imponer- en el interior de la persona, así como en su universo relacional. Obviamente que aquí nos referimos tanto a las dimensiones activa como pasiva del ejercicio poético-literario. Es decir, tanto el sumergirse en estos mundos como lectores y lectoras, como en la creación de mundos desde la producción de textos. La vida como producción poético-literaria.

“Ya muchas veces has tenido esta sensación, te sientes allí, en las páginas de un libro que alguien escribió, un libro que está allí escrito y tú andando en sus páginas, cosiendo tus historias con las historias de los otros personajes. Cuántas veces desde que comenzaron tus días, te has sentido en las páginas de un libro. Una sensación de alivio, de liberación de un mundo tan chato, tan aprisionado en sus propias superficialidades”.

“Uno empieza a poner letras en la hoja y el mundo empieza a ordenarse, uno empieza a ordenarse. Es algo muy notable esto: que una operación tan simple tenga un resultado tan efectivo. Recién nomás, o más bien, buena parte de la tarde, la pasé en un estado indefinido, una especie de incomodidad. Ahora ya ha caído la noche, y aquello que estaba en mi alma comienza a desaguar. Es como si la hoja fuera el mar adonde todo viene a dar”.

Documento PDF

in: Persona – Revista Interamericana de Personalismo Comunitario, Nº22, año VIII, Abril 2013/pp. 60-62 (Publicación del Instituto Emmanuel Mounier de Argentina)

Por Rolando Lazarte

Escritor. Terapeuta comunitário. Doutor em Sociologia. Membro do MISC-PB, Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba. Professor aposentado da UFPB. Vários dos meus livros estão disponíveis online gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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