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Escribo para tener un lugar donde vivir

fotoLa frase es de Anais Nin, y la leí en su libro Em busca de um homem sensível, que un alumno tuvo el gesto de regalarme cuando yo era profesor en la Escola de Sociologia e Politica de São Paulo, allá por los años 1980. Escribo para tener un lugar para vivir. Esta frase me parece que expresa el motivo principal por el cual me dedico a esta tarea. Es necesario tener un lugar adonde ir, dice el I Ching, el libro de las mutaciones. Tener un lugar adonde ir puede ser este lugar donde estoy, esta hoja donde me comunico con el mundo. Y puede ser y es también, el lugar donde estoy geográficamente, como alguien que forma parte de una familia, en una red de relaciones de amistad y colaboración, etc.

La frase del título me vino con insistencia esta mañana. Y creo que es porque ella al mismo tiempo que resume y expresa por qué escribo — una de las principales razones por las cuales escribo– es de una densidad tal, que merece que sigamos tratando de profundizar en su contenido y significado. El lugar para vivir que vamos creando al escribir, es un lugar al mismo tiempo dentro de uno mismo, en la más profunda intimidad, y en la convivencia social, el mundo de relaciones del que formamos parte.

Autopoiesis, es lo que me viene a la cabeza, cuando trato de decir esto de manera sintética. Algo que veo que ocurre, algo que empieza a ocurrir, en las rondas de Terapia Comunitaria Integrativa, cuando las personas se comienzan a descubrir como alguien que es más que los papeles que ejecuta. Soy alguien que es más que el papel de marido o mujer, hijo o hija, profesional, etc. Soy alguien que se va haciendo. Alguien que es más que los errores de su pasado, un esclavo de la culpa. Alguien que es más que el lugar que le toca en la estructura productiva, en la estratificación social, educativa, etc.

En otras palabras, soy alguien cuyo ser no se limita ni se reduce a un hacer que en varios sentidos, puede haber sido determinado hasta entonces, por imposiciones externas (necesidades de supervivencia, presiones sociales, por ejemplo). Soy más que lo que hago, y, al mismo tiempo, soy exactamente alguien que se va haciendo. Alguien que se construye a sí mismo, en relación con los demás: mi familia, mis amigos, colegas, vecinos, etc. Todas estas cosas yo creía que eran propias de pequeños círculos de personas interesadas en el desarrollo personal, pero la práctica me va enseñando que no, que la posibilidad de descubrimiento del ser auténtico de cada uno o cada una, está verdaderamente en nuestras manos.

La libertad y la felicidad de ser quien soy, depende en buena medida, de las elecciones que hago. Y si elijo ser plenamente el ser que soy, y no lo que me acostumbré a creer sobre mí mismo, esto me resulta posible a partir de que me descubro constructor de nuevas formas de verme y de ver a las demás personas. Esto se verifica a partir de los encuentros en los que voy aprendiendo a verme como soy, y no como creía ser. “Necesitamos del otro como nuestro espejo y nuestro guía”, decía Peter Berger. Estos encuentros de Terapia Comunitaria Integrativa reúnen personas de todas las extracciones sociales y de distintos niveles educacionales. Son verdaderos lugares de reconstrucción de la persona humana, donde empezamos a escribir nuestra propia historia.

Por Rolando Lazarte

Escritor. Sociólogo. Terapeuta Comunitário formador. Membro do MISC-PB Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba. Professor aposentado da UFPB. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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