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Dibujas de nuevo

Ese día había vuelto a considerar la posibilidad de volver a practicar una de las artes antiguas a que se había dedicado en otros tiempos de su vida. Buscó un viejo cuaderno de dibujo y lo dejó en la mesa donde un día podría volver a dibujar. Este simple hecho, le trajera antiguas memorias. Volvía a los 17, a los 16, tanto tiempo atrás, y más atrás, el tiempo parecía volver hacia atrás velozmente, como en torbellino. Se dejara llevar por esa sensación y encontrara, como por arte de magia, sus antiguas profesoras de dibujo, el parque, el atelier.

Los lugares donde se dejara embargar por aquella sensación sin igual que sólo la pintura y el dibujo nos proporcionan, De algún modo, volvías así aun tiempo primordial, un tiempo sin prisa, sin ideologías, sin el peso de máscaras o compromisos. Todo coheso. Hoy ya la noche tomó las calles de la ciudad, y en el horizonte del mar, ha de estar dibujada aquella línea invisible que separa el cielo nocturno del mar nocturno. En la playa, la gente ha de estar caminando, y tú, a estas horas de la noche que comienza, volviendo a pensarte dibujando. No para ser artista o pintor o dibujante, no para ser esto o aquello, algo determinado, sino solamente para compartir con quien lea estas cosas, la alegría de pensar que, en algún momento puedes volver a ser aquel niño que agarraba un lápiz y en un papel empezaba a garabatear, porque sí, porque me gusta, porque me hace bien.

No por otro motivo que el de dibujar, pintar, ver los colores y las formas llevarte a lugares mágicos, imaginarios, mucho mejores que este mundo de asesinatos y violencia, encubiertos por gente que debería estar pensando y actuando por el bien común y no, piensan en ellos mismos, en sus viditas pequeñas y mezquinas. No te crees mejor que ellos, ni peor. Apenas distinto, tú mismo. Hoy querías compartir esto y lo compartiste.

Dejar que un cuaderno te traiga la infancia de vuelta. Esa que el narcotraficante roba a golpes de indiferencia, con un mundo de intelectuales cómplices dándoles cobertura. Vuelves a la hoja en blanco y miras, ves tus ojos, los ojos de un niño que no ha muerto, que no morirá, que no se vende, no se vendió, no se venderá. Eres ese niño. Te vas a caminar por el jardín, o talvez por la calle de la noche en que las estrellas ya han de haber escrito sus cosas en el cielo.

Por Rolando Lazarte

Escritor. Terapeuta comunitrio. Doutor em Sociologia. Membro do MISC-PB Movimento Integrado de Sade Comunitria da Paraba. Professor aposentado da UFPB. Vrios dos meus livros esto disponveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/

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