Cortázar es más que Cortázar

Esto lo digo sobre todo para mí mismo. Mi lado Cortázar es más que lo que pude llegar a saber de mí al leer Julio Cortázar. Y al mismo tiempo es de ese exacto y mismo tamaño.

Aunque parezca contradictorio no lo es. Lo que este escritor suscitó en mí y todavía suscita, es de una naturaleza tal que no se deja transcribir fácilmente. ¿Me explico?

Lo que Cortázar trae de mí es el juego. La alegría. Algo de esa vida que transcurre y que no se deja traer fácilmente al mundo de las palabras por el simple hecho de que es vivida y no pensada.

Pero al mismo tiempo este lado Cortázar en mí es tan fiel, tan exacto y preciso, tan real para mí que es más que vida evocada. Es vida revivida. ¿Por qué es que un autor o una autora es inmortal?

Porque viven en nosotros, viven en mí, tan realmente que es como si nunca se hubieran ido de aquí. Quedaron tal como llegaron. MI lado Cortázar es Mendoza. Es Rayuela. Es el Liceo Agrícola Sarmiento.

Es los rompecabezas y la unión de palabras. Es una ternura que de pronto veo en los ojos de ella y que no tengo cómo traerla al papel. Cortázar me trajo y me trae esto. Por eso es que lo anido en mí.

Cortázar liberó la palabra. Se liberó en palabras. Y yo también. Ahora que digo estas cosas me viene una sensación de paz y plenitud. El saber libera. Dio trabajo descubrir esto. ¡Pero ahora que vino es tan natural!

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